sábado, 17 de febrero de 2024

EPICURO DE SAMOS: LA VIDA DEL JARDÍN

                                                 LA VIDA DEL JARDÍN


                                              


 

Epicuro de Samos nació en la costa jónica de Grecia 341 años antes de Cristo cuando el poder de Atenas ya había sido eclipsado por Alejandro Magno que convirtió a las ciudades-estado en provincias de su vasto imperio. Epicuro enseñó que el mundo estaba hecho de átomos, que eran unidades de materia invisibles e indestructibles y que se combinaban en el vacío para formar árboles, piedras, animales y todas las cosas naturales que vemos a nuestro alcance. Esta idea provenía de dos griegos anteriores: Leucipo y Demócrito de Abdera, pero Epicuro no solo la adoptó, sino que le dio una forma final que resultaba más lógica y convincente. Es increíble que 350 años del inicio de la Era Cristiana (es decir 2350 años antes del día de hoy) tres griegos, usando solamente la intuición, pensaran en los átomos que mucho tiempo después y por medio de instrumentos específicos, la física confirmaría como verdad. Esos átomos existen y sus combinaciones forman nuestros huesos, sangre y músculos y todo cuanto nos rodea. Hasta el aire está hecho de átomos de oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno.

Las enseñanzas de Epicuro fueron muy simples. Rechazó la metafísica del alma y la teología enseñando que, si los dioses existen, están muy lejos de nuestro mundo y no intervienen en él para nada. Esto eliminaba una causa de la angustia humana: si los dioses no tienen ninguna injerencia en nuestras vidas, es vano tenerles miedo o rezarles para conseguir su favor ya que, por lo que se ve a diario, no se interesan en nuestra miserable vida humana teniendo en su Olimpo una vida eterna y perfecta. Los Padres de la Iglesia en los primeros siglos de vida del cristianismo combatieron esta idea. Epicuro predicaba que aquí, en este mundo debemos hacer todo lo posible por ser felices ya que nadie tiene asegurada la sobrevivencia después de la muerte. Esta idea era contraria al cristianismo que prometía una vida perfecta y feliz después de la muerte, y enseñaba a padecer con resignación los dolores de esta vida humana condenada por el pecado, pensando en la recompensa futura.

El centro de esa felicidad que debemos buscar en este mundo, decía Epicuro, es tratar de disfrutar los placeres en su justo medio, sin excesos que el día de mañana traerán consecuencias perjudiciales y entonces pasaríamos de la dicha al llanto.

El sano placer, decía, debe cumplir tres requisitos: ser moderado, controlado y racional; es decir que siempre la razón debe mantener el dominio de uno mismo. Para ser felices, se necesitan tres condiciones: la aponía (que es la falta de dolores corporales), la satisfacción de las necesidades básicas (hambre, sed, abrigo) y la ataraxia, que es la serenidad del alma: no hay que permitir que algo de afuera nos perturbe.

El mejor medio para alcanzar la felicidad, recomendó, era la amistad. En el Jardín donde enseñaba todos eran amigos, hasta las mujeres, que en el mundo griego estaban relegadas al hogar. Reunirse para conversar y de ese modo enriquecerse mutuamente era la práctica docente del Jardín.  

Epicuro de Samos fue el primer filósofo profesional que se ocupó de analizar la amistad, que necesitaba de dos condiciones: uno, que no fuera amistad interesada para conseguir algo más, porque la amistad es un fin en sí misma, no un medio para alcanzar algo que me interesa. Y segundo, que se practicara la parresía, que es la obligación moral entre amigos de decirse siempre la verdad, aunque ésta sea incómoda. Precisamente, por ser amigos, yo confiaría más en un defecto que me lo mostrara una persona que aprecio y no un enemigo.

Epicuro dejó honda huella en la filosofía romana posterior: Cicerón y Séneca a menudo se apoyaban en las enseñanzas de este hombre que cayó en la miseria cuando los generales de Alejandro lo despojaron de su tierra, y en calidad de forastero retomó su vida por medio de la enseñanza de su doctrina, que rechazaba todo el armatoste retórico de Platón y Aristóteles para centrarse en la conducta humana que analizó con algo que hoy por hoy escasea entre los políticos y líderes estadistas: el sentido común.

 

ALEJANDRO BOVINO MACIEL

BUENOS AIRES, DICIEMBRE 2023

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