lunes, 30 de abril de 2012

LOS VIAJES INTERIORES DE LAS MONJAS GADITANAS (2)


[1]  SEGUNDO ENCUENTRO ENTRE LA DUEÑA Y LAS MONJAS



Mientras el Capitán escarba su pipa cavando hollín, las religiosas van y vienen repasando en un eucologio -la cubierta es de nácar, las incrustaciones con iniciales góticas, de oro- el prontuario del mal, desde Satanás para abajo.
Sube a cubierta buscando aire fresco la Ama, mareada y apoyándose en el chef rechoncho que los marineros juzgan monflórito.
-¡Ave María Purísima! - se cruzan la priora y su acólita.
-Sin pecado concebida –dice la Ama.
Hablando para nadie, haciendo oídas tremolando la voz como quien canta antífonas de madrugada, la Reverenda Madre Asunta difama:
-La Providencia sapientísima hizo del barro a la hembra para compañía del macho. Macho con macho é cosa de incontrito. Que tóo tiene un lugar en el regazo del Señó, meno la lujuria contra natura.
-Para eso está el Infierno: pa purificá la roña de las creaturas -sor Higinia.

ALEBOVINO, 2012



San Jerónmo sacando la espina de la pata del león en la cueva de Belén. 

LOS VIAJES INTERIORES DE LAS MONJAS GADITANAS


LA TRAVESÍA DE LA DUEÑA,
SOR HIGINIA Y LA REVERENDÍSIMA MADRE ASUNTA DESDE CÁDIZ AL PLATA, 1874.




En la popa, sobre el codaste, la rosa náutica cuyo Norte es una astilla tallada. Como quien acaricia, arrecia un vientecillo desde estribor flagelando cangrejas, sobrejuanetes y pericos que en sus perchas se sacuden. Dos monjas oblatas gaditanas -hábito talar de un negro ufano- conversan con la preñada, entre reconvenciones y jaculatorias que las asaltan como hipos. Sor Higinia y la Reverendísima Madre Asunta: flácidas, las cofias flamean a babor. A sotavento, las sotanas suenan a ropa tendida.
Tensas, las drizas donde se enredan los rosarios que a cada paso del faldón pendulan a diestra y siniestra, esquivando las salpicaduras del mar. Agachados, asando merluzas en el tablado del castillo, dos gavieros espían bajo sus boinas, como gatos rubios.
-¿Vais de visita, hermanas?
-Que no. Que hemos venío por Gracia de Dió y de María Santísima encomendadas por Su Ilustrísima, el Arzobispo Manuel Aleandro de Bovinno  y las Conchas, para fundar una casa. Kyrie éleison.
-¿Pero es que viajáis solas, acaso?
-Ora pro nobis, solas no. Con Dió me acuesto /con Dió me levanto /con María Santísima /y el Espíritu Santo.
-Amén -a coro, las oblatas.
-¿Vais a fundar alguna colegiata?
-Que no, que somos de la Congregación del Santísimo Redentor -la Profesa sin profesión.
-Que tenemos la santa misión de redimir meretrices, que más valen fregando en un convento que ensuciando su alma en lupanares. In nómini Patri...
-También se puede perder el alma en la catedral...
-¡Agnus Dei, qui tollis peccata mundi! Su Ilustrísima, que de estas cuestione sabe má que usté, dice que en el burdel se pierde más rápido y seguro -la Reverenda Madre, persignándose.
-Que pa ser ramera/ y no cobrar náa /más vale ser honráa -la postulanta, triplicando la señal de la cruz.
-Se salva más tarde la carne que su sombra -sor Asunta, sentenciando el asunto.
-Quel fuego de la mala pasión y las llamas del Armagedón, una y la misma cosa son, -la hermana Higinia.
Bisojo, atezado el cuero por la sal y el sol, un grumete de la brigada de proa, asiéndose a las jarcias, se hinca de hinojos.

ALEBOVINO



sábado, 28 de abril de 2012

LA PELUQUERÍA CARTESIANA



(Discurso de los métodos en la peluquería de Mati)

Matilde: (En una mano, las tijeras, en la otra un mechón tomado como un fardo de pajas en la cabeza de la clienta) ¿Y qué le dijo entonces?
Ortensia sin hache: Caéte de culo, chamiga, pero le dijo: ¿y qué tiene que decir usted, que tiene un hijo guei?
Matilde: ¿Wey?, ¿y qué es eso?
Ortensia: No, wei no. Guei que quiere decir homosesual entre los yankis. ¡No me digas que nunca escuchaste!
Matilde: ¡Vos querés decir gay! Un puto americano. Por supuesto, cómo no voy a saber. ¿Viste la novela de Lupita Ferrer?, ésa que ella tiene una hermana; pero ella no sabe que son hermanas, y tiene un hijo, y el hijo es gay, fijáte. Allá está de moda.
Ortensia: Allá.... ¿adónde?
Matilde: ¿Te gusta así el flequillo o corto un poco más?
Ortensia: Rebajá un poco más. Ella le preguntó al muchacho que canta roc o no sé, ésas músicas que ponen todo el día en la radio... le preguntó: ¿y qué dijo tu mamá cuando se enteró que tenía un hijo guei? ¡En medio de la mesa! Ella estaba hecha una reina como siempre. ¡Qué bien se viste esa mujer! Ah, y te contaba, el muchacho se enojó; vieras la furia que puso, dejó de comer y sobre el pucho le contestó: ¿“y qué dice usted que tiene un hijo con novio allá en Norteamérica”? Y se retiró de la mesa.
Matilde: Mi china, se dice “gay” no “guei”.
Ortensia: Qué, ¿sos de la academia ahora?
Matilde: ¡Las cosas que se dicen en la mesa! A mí no me vengan. Antes era distinto; ¿vos te pensás que la finada mi tía iba a dejar que en la mesa se hable de puerquezas? ¡Ni nunca! ¿Te gusta así o corto más?
Ortensia: Dejá así, me acorta la cara; la verdad, yo prefiero las películas de antes, ¿te acordás de Delia Garcés?
Matilde: ¡Sí! Y la mejicana, la María Felis... ella era siempre una mujer sufrida y corajuda; pero al final encontraba un hombre que le amparaba...
Ortensia: ¿Y la Rita Jeigurd? ¡Qué mujer! Cuando tocaba la guitarra para el torero...ay, qué hermosura.
Matilde: ¿Y Zully Moreno cuando bajaba por las escaleras blancas? Parecía que bailaba cuando iba bajando.
Ortensia: La que no me gustaba era la Isabel Sarli.
Matilde: ¡Dejáme de ésa puerca! Estamos hablando de artistas.
Ortensia: Sí, pero al dos por tres ya daban otra vez esa “Lujuria Tropical” en el cine San Martín y el cochino de mi marido ¡en primera fila!
 Matilde: ¿Viste lo que pasó con la Artemia?
Ortensia: Hace rato no sé nada de ella.
Matilde: Me contaron que se volvió desconfiada como caballo tuerto, que ya echó no sé a cuántos capataces y peones y en fin, todo el que no le cae bien.
Ortensia: ¡Pero si nunca se ocupó de las haciendas!
Matilde: Parece que pilló que le estafaron y no dejó títere con cabeza.
Ortensia: ¡Tiene un carácter, la pobre! No por nada le dejó el marido, querida.
Matilde: Y el hijo parece un vampiro ese muchacho, está pálido y ojeroso, no sé qué le pasa.
Ortensia: Trasnocha que da miedo, anda en juergas día y noche, habla solo por la calle y ¡tiene una junta!, que ni los peores malandrines...
Matilde: Pero a la gente con no se le da gusto nunca, chamiga. Que si es flaco porque es flaco, que si es negro porque es negro.....
Ortensia: ¡No hay pito que le venga bien!
ALEBOVINO, 2012