lunes, 28 de julio de 2008

LA FILOSOFÍA DEL CINEMATÓGRAFO

El cine y el Timeo.


En medio de una conversación en casa de Aída Aisenson Kogan encontré una prueba de la dualidad cuerpo/alma, idea que tan desalmadamente achacan a Platón los secuaces de la integridad holística del ser humano.

Hablábamos de los viejos cines de barrio en los que daban tres películas en una sola tarde/noche de cinco horas o más; de los preparativos que exigía la maratón, las viandas, y entonces Jorge Cruz dijo: “nos pasábamos cinco horas encerrados en un sótano todos los sábados”. Muy bien señor Cruz, ¿quién estaba encerrado? Su cuerpo, sus músculos, sus huesos, la intrincada red de venas y arterias que acuden al corazón llevando sangre para ser enérgicamente expulsada de nuevo, sus vísceras mudas. Toda nuestra anatomía y fisiología está encadenada a una sala oscura como la caverna “La República” de Platón pero nuestra mente no, si el film consigue excitar la complicidad estamos soñando o conviviendo las aventuras y desdichas de una sufrida María Félix, el rítmico zarandeo de Ginger Y Fred, las acuáticas circunvalaciones de Esther Williams y nuestra inefable Isabel Sarli, su émula del sur, los arranques de furia de Sofía Loren, las cabalgatas de los wésterns con el humo de la pólvora cubriendo el instante en el que la muerte cierra los ojos a los inoportunos.


Me niego a llamar “alma” a eso otro que no está sentado en la butaca aburriéndose moralmente durante cinco horas y que debe soportar estoicamente la incomodidad de huesos y articulaciones entumecidos de esa especie de yoga que les imponemos para seguir viviendo “en otro mundo” con la imaginación como capitana de la nave del cuerpo.
¿Es así, señor Cruz?
Si es así, debemos reconocer que ese dualismo que los críticos han denostado hasta la exageración en Monsieur Descartes no debe de estar tan equivocado.

Alejandro Maciel, 27.7.08.

domingo, 20 de julio de 2008

UNA LEY FICTICIA EN LA PROVINCIA DE CORRIENTES


EL ESTADO SIN OBLIGACIONES

En 1995 (hace 13 años) trabajamos con Jorge Sánchez Aguilar y la gente del Ateneo Cultural en un anteproyecto de ley para la creación de un fondo editor de la Provincia, buscando promover la publicación de obras de escritores/as, historiadores, investigadoras, poetas, dramaturgos a través de un mecanismo de selección que asegurara un mínimo de calidad en los trabajos a ser publicados.
No redundaré en las consideraciones porque toda persona que sabe leer y escribir conoce el valor de un libro.
Después de idas y venidas, correcciones, viajes por varias oficinas el entonces ministro Carlos Tomasella envió el proyecto a Diputados que lo aprobó, pasó a Senadores donde también se aprobó y fuinalmente la Ley Nº 4934 fue promulgada y publicada en el archifamosos Boletín Oficial. En un acto solemne (la seriedad y la solemnidad, ya lo veremos, no es la misma cosa) se presentó esta providencia del Estado que asumía la tarea de fertilizar la educación que es, junto a la provisión de justicia y el cuidado básico de la salud una de las tres obligaciones que pregona el liberalismo.

Cualquiera puede leer el texto de la Ley Nº 4934 de la creación del Fondo Editorial de la Provincia de Corrientes poniendo en el buscador Google “escritores correntinos”. Pero, le advierto, es lo único que podrá leer porque los libros que debía publicar el Fondo Editorial de la Provincia de Corrientes no existen.
Es momento de volver a preguntar: ¿Qué pasó con la Ley Nº 4934? ¿Debo creer que el Estado me coacciona cumplir todas mis obligaciones contractuales pero él se considera libre de culpa y cargo? ¿Por qué los sucesivos/as administradores de Cultura jamás volvieron a reflotar un tema que es mucho más importante que el festival del loro, la fiesta de la batata o las borracherías que con distintos calendarios hacen al año cultural correntino?


Alejandro Maciel, Buenos Aires, 2008.

talomac@gmail.com