miércoles, 25 de septiembre de 2013

SEÑORES AL FONDO M I

RECUERDOS DEL FONDO (FMI) 

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El queridísimo Fondo Monetario Internacional con su récipe milagroso ya consiguió hundir a Portugal, Grecia, España e Italia siguiendo los sagrados mandamientos de recortes sociales (especialmente en educación y salud que parecen ser los enemigos del FMI) para disminuir el gasto público. Estas medidas dinamitan la confianza de los ciudadanos en sus gobiernos y van generando oleadas de protestas, desestabilización y pesimismo.
¿Por qué costará tanto volver a revisar los fundamentos de las grandes entidades financieras? ¿Por qué las famosas “calificadoras de riesgo” británicas siguen profetizando desgracias que después provocan y nadie les puede oponer un límite racional? Imagínese que usted, después de la avasallante experiencia del corralito, tuviese depositado dinero en el Banco Verde; sentado en su casa mirando TV mientras toma unos mates, se entera que el Banco Verde está en serios apuros financieros. ¿Qué haría usted? Pues lo más rápido posible irá al banco a retirar todos sus depósitos para salvarlos del naufragio, y así lo harán todos y todas las personas que han depositado su confianza y dinero el en Banco Verde. ¿Qué le pasará al Banco Verde? Se quedará vacío y cumplirá la profecía del periodista que anunció la bancarrota. Así de simple funcionan las cosas en el mundo financiero, siempre al borde de la histeria a la hora de anuncios y amenazas.
No en vano, la directora gerente del FMI, la francesa Christine Lagarde viene trabajando con un batallón de técnicos en la unificación de la banca europea, esto es, en un sistema único de control y monitoreo de entidades financieras de la zona euro, de un extremo a otro del mapa zonal. Comparó a la Unión Europea con un precioso barco que fue construido para navegar en mares calmos; pero la tormenta sobrevino en 2008 cuando la burbuja inmobiliaria de la “Era Busch” estalló arrastrando tras de sí como un huracán a las economías europeas cuyas reservas estaban pegadas con saliva. Solo Alemania y Francia esquivaron el maremoto y hoy capitanean, como pueden, el “barco en la tormenta”. Pero como verán, madame Lagarde se preocupa por resolver la crisis en Europa, pero cuando se plantea desde Argentina (que ya no le debe un centavo al FMI) hacen oídos sordos como si el planteo de fondo no fuese el mismo: buscar mecanismos para frenar el desboque histérico del sistema financiero manipulado por un conjunto de especuladores que no vacilarían en vender a sus propias madres con tal de ganar tres puntos de ventaja en bonos a cobrar.



lunes, 3 de junio de 2013

LA VIDA PERFECTA

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Juliana:        No me vuelvas con ese tema, por favor, Facundo.
Facundo:      Sé que no te gusta, pero necesito decirte que..
Juliana:        ¡Pero no me gusta! ¿No te parece que esas cortinas quedarían mejor con unas borlas doradas? Me encanta el dorado, le da jerarquía a cualquier rincón.
Facundo:      No sé (absorto) hacé lo que quieras.
Juliana:        La armonía. Simple, pero complejo.
Facundo:      (Que está pensando en otra cosa) ¿Qué decías?
Juliana:        Cada cosa en su sitio exacto. Sin más pero tampoco sin menos.
Facundo:      ¿Cómo?
Juliana:        La armonía, es decir la belleza.
Facundo:      Mamá, te estaba comentando algo grave, no me salgas con pelotudeces... (Muy tenso, como si algo grave lo afectara)
Juliana:        Que tu padre es jugador ya sabía, que estamos endeudados, ya sabíamos, que en el ministerio lo quieren despedir ya sabíamos, ¿qué novedad creés que me trajiste?
Facundo:      Los negocios van mal, estamos casi al borde de la quiebra.
Juliana:        Iremos a la quiebra, ¿y qué más da? (hojea una revista de decoración) Seguimos en el mismo rumbo.
Facundo:      ¿Me hablás en serio?
Juliana:        Hijo, tranquilizáte. La vida de tu padre es una montaña rusa, hoy está arriba, allá en la cima, mañana abajo, allá en el pozo pero siempre hay algo más. Siempre se repone, estos vaivenes pasan, ¿sabés cuántos viví en todos los años que estamos juntos? Uff, éste debe ser el sexto.
Facundo:      Es distinto esto
Juliana:        ¿En qué? Papá tiene fortaleza…
Facundo:      ¿No te importa papá?
Juliana:        Sí, la que no le importa a papá soy yo. (Como si el tema la peturbara) Mañana viene el arquitecto a traer el presupuesto para la pileta. Papá quedará encantado. Tiene lumbres en las esquinas, una línea de luces led de color malva. Me encanta.
Facundo:      Mamá, no te entiendo... estamos casi hundidos
Juliana:        Yo tampoco te entiendo muchas cosas y sin embargo...(Sigue con la revista)
Facundo:      Papá está muy angustiado
Juliana:        Ya se le pasará, una noche de casino y se le van todos los males. Hice poner grandes jarrones de terracota india a la entrada del patio. ¿Qué flora te parece que iría bien en esos búcaros?
Facundo:      No sé, poné lo que quieras.
Juliana:        ¡Hortensias...! Me encantan las hortensias de color celeste.
Facundo:      (Abstraído) ¿Qué decís?
Juliana:        Un arreglo de hortensias y bambúes... quedará maravilloso, ya vas a ver. Tendremos el mejor patio con la mejor pileta de todo el vecindario. Vi en el Facebook la foto del jardín de Estela. Mal gusto por donde se mire... (Va y se sirve un vaso de whisky)
Facundo:      Si hubiera un modo de...
Juliana:        (Sigue con el tema de Estela) Allá piedras, acá deks en tono algarrobo, más allá puso césped sintético, cisnes de plástico, enanos de jardín. Un horror de kitsh. No entrarías. Vos con tu delicadeza, (ríe forzadamente) te morirías en la puerta.
Facundo:      Mamá, no te entiendo.
Juliana:        Yo tampoco entiendo a un hijo que se encierra con el 'dilecto' amigo a dormir una siesta pero no digo nada, ¡shhhh! (Hace señas con el índice como dicendo “silencio”) esas cosas, mejor no ventilar (lo dice casi susurrando).
Facundo:      ¿Estás diciendo que entre Joaquín y yo?
Juliana:        No digo nada, ssshhh. Mamá está calladita. ¿Te hace feliz?
Facundo:      ¿Qué cosa? ¿De qué me hablás?
Juliana:        Ahora el que no quiere hablar sos vos. (Se sirve más wisky) ¿Si Joaquín te hace feliz?
Facundo:      Es una confusión. No tengo nada con Joaquín, somos amigos.
Juliana:        Amigos que duermen juntos... y desnudos.(Lo dice suavemente para evitar confrontar)  Los vi sin querer la otra noche, cuando bajé a tomar algo.
Facundo:      Yo, es decir, Joaquín... (Reacciona) ¿qué tiene que ver todo esto con la situación familiar? Papá me transfirió la empresa. La empresa va mal, el cargo que papá tiene como ministro nos perjudicó enormemente, mal. Nadie confía en una empresa apañada por el gobierno. Nadie confía en el gobierno.
Juliana: ¿Y cómo ganó las elecciones?
Facundo: Una cosa es el país y otra, las empresas.
Juliana:        Ah, no sé hijo, yo no me meto en política, no quiero ensuciarme las manos, prefiero trabajar en el jardín con la greda y el barro, que ensucian menos.
Facundo:      Genial, si todos pensásemos como vos...
Juliana:        La política es una mugre (Nerviosamente se sirve otro poco)
Facundo:      Perfecto, entrá y limpiála entonces (Ácremente).
Juliana:        Límpienla ustedes, que ya están adentro (Furiosa ya)
Facundo:      Mirá mamá, nunca creí que debería explicarte algo muy simple. ¿Creés que es fácil hacer gobierno? ¿Creés que todas son glorias y aplausos? Es muy cómodo sentarse en el sofá y decir “yo no tengo nada que ver” lavándose las manos. Es cobarde esa actitud.
Juliana:        Puedo ser cobarde, pero no molesto. Déjenme vivir la belleza de la vida manteniéndome lejos de sus porquerías, (acremente) bastante tengo con tener que soportar comentarios en voz baja en el club.
Facundo:      Está bien. Perdón por querer compartir mis preocupaciones con mi madre.
Juliana:        No quiero saber de problemas.
Facundo:      ¡Qué poco te intereso, mamá!
Juliana:        (Se le acerca) Yo no espero nada de la familia, te puedo jurar que di lo mejor de mí a vos y tu hermana, ¿es poco? No tengo más. Hace tiempo me acostumbré a no esperar nada.
Facundo:      Yo intento acercarme pero…
Juliana:        (Lo aparta) De nadie. No espero nada de nadie.
Facundo:      Te interesa más la casa
Juliana:        La casa es un pretexto bonito para seguir viviendo este juego, costará algunos pesos pero si no los gasto yo en este espacio que compartimos todos, papá los liquida en el casino (Vuelve a servirse la bebida)

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miércoles, 27 de marzo de 2013

LOS HIJOS DE ROSAS, REESTRENAMOS




En el Teatro del Pasillo, de Colombres 35, a partir del 6 de abril, todos los sábados a las 19, podrá verse la obra de Alejandro Bovino Maciel, "Los Hijos de Rosas" con dirección de Jorge Graciossi.

En 2006 un joven fue asesinado por una patota de tres muchachos correntinos en una playa de Brasil. La causa judicial está absolutamente paralizada, en 2012 aún no hubo siquiera una indagatoria a los tres sospechosos a pesar de los testigos y otras pruebas que los incriminan.Rosa, madre del principal sospechado, está ensayando una selección de tragedias griegas bajo el título de "Las madres de Eurípides", son heroínas del trágico griego, madres que reclaman justicia. Paralelamente, el mismo director viene preparando otra obra que se llama "Los hijos de Rosas" acerca de la familia clandestina que formara Juan Manuel de Rosas con su criada Eugenia Castro. 


 Una llamada telefónica informa a Rosa que su hijo está detenido acusado del crimen de la playa. Ella y el marido, familias de arraigo en la sociedad correntina, reaccionan buscando desesperadamente defender a su hijo de las acusaciones, pero hay testigos de cargo dentro de sus amistades y otro secreto que se revelará en el momento menos oportuno: un hijo bastardo, como "los hijos de Rosas" cae como un peso en medio de la crisis. Cada personaje va revelando sus intereses más íntimos en un juego de mezquindades y ocultamientos. El gerente de banco únicamente se desvela por su imagen pública. La protagonista, por lo que cree que es su "deber de madre" consiente el ocultamiento. 


La obra es un ensayo de teatro, el centro es el personaje del director que de algún modo representa la única voz que no tiene doble discurso: solamente su obsesión por el arte como purificación de la criatura humana que ve deshacerse ante sus ojos en esta encrucijada desatada por un crimen.
 Los personajes son los que ensayan y están expuestos a sí mismos frente a un público al que interpelan a través del discurso teatral.



FICHA TÉCNICA ARTISTICA:

Autoría: Alejandro Bovino Maciel
Actúan: Federico Alí, Lorena Bernasconi, Vanina Cavallito, Juan Matias Grassi, Juan Manuel Romero, Claudia Elena Villa
Diseño de luces: Lautaro Graciosi
Diseño sonoro: Malena Graciosi
Realización de arte: Malena Graciosi,  Alexis Lopez Costa
Operador de luces: Mariano Pozzi
Fotografía: Lucas Doyle, Pascual Glauser
Diseño gráfico: Anahí Afriol
Asesoramiento de vestuario: Miguel Pencieri
Asistencia de dirección: Belén Muñoz
Prensa  Novello
Producción ejecutiva: Pili Ortiz, Jimena Veiga
Dirección general: Jorge Graciosi
  



sábado, 9 de marzo de 2013

EL ORO DE FAMATINA (fragmento inicial)


Tres ámbitos:

  1. Bernardino Rivadavia, 1837
  2. La vieja actiz hoy cherinola (la “Chonga” Olga Ponce)
  3. Ventura, la más vieja de las criadas
  4. Vicenta, la criada más joven
  5. Juliana




Ambiente decadente de la sala de lo que fue una fastuosa mansión. Con ménsulas doradas, capiteles, cortinas de brocato, detalles de un paño de pared hechos en telgopor y colgantes de la parrilla bastarán para insinuar las glorias pasadas del salón hoy derruido. Una gotera insistente caerá como si fuese el péndulo de un reloj que marca el ritmo de la decadencia. Las sillas y el poco mobiliario costroso dejarán ver que la penuria económica ronda a los habitantes. El fondo debe diseñar alguna forma de infinito prolongándose hacia el más allá si fuese necesario.
No se requieren recursos fastuosos ni los necesitamos, bastará con agitar la imaginación del visualizador de la obra para conseguir efectos casi mágicos. La decadencia siempre es un modo fantástico de ver el derrumbe propio de todo ser humano que se encamina lentamente a la muerte por más felicidad que consiga acumular durante la vida.
Hay una música obsesiva cuando se inicia, algo que fue un minué pero tan deformado como si lo tocase en un teclado de un piano desafinado, alguien absolutamente indigno de la música, como yo.



1

(Obra de teatro sobre la vida de Bernardino Rivadavia en el exilio, en Colonia del Sacramento, 1837. Rivadavia fue presidente en 1826)

Olga viste de un modo algo estrafalario, aún para la época de 1830: sombrero con plumas vistosas, flores, tules, abalorios; ropa de seda negra, boa de marabúes y su risa quiebra cualquier intento de solemnidad. La sala donde conversan tiene aspecto desolado: el mobiliario es viejo, desvencijado, polvoriento; el mantel de la mesa está roído, hay libros desparramados, trastos a medio cubrir con lienzos y telas bastas, gotea rítmicamente agua en una palangana. Rivadavia mantiene el porte orgulloso de quien cree en sí mismo a pesar de todo, habla como si estuviese diciendo un discurso ante una asamblea solemne, ríe discretamente con su vieja amiga, mientras sorbe una bebida que ambos comparten.

Rivadavia: No conviene declarar la verdad ante la servidumbre, amiga.
Olga: No me interesa tratarlos de igual a igual.
Rivadavia: Vamos a fingir desvaríos cuando entre la criada, es mujer malevolente con la lengua, siempre esculcando entre las sombras y no hay que olvidar que las paredes tienen oídos en el Virreinato.
Olga: Por mí, se quedarían mudas, no pienso hablar con esas negras.
Rivadavia: Mal necesario.
Olga: Eso lo sabrán en las casas y los despachos; por fortuna en el teatro todos en un elenco son males necesarios. Hay que ver la de ínfulas que tienen esas mulaticas como la Amparito. Una vez le dimos el papel de Cleopatra y ya se viene creyendo reina del Nilo.
Rivadavia: ¿Y que disputan por ella Julio César y Marco Antonio? (Ríen)
Olga: ¡Ni más ni menos! No sabe fregarse el talón y se cree la futura emperatriz de Roma.
Rivadavia: ¿De dónde trajiste ese elenco? (Riéndose)
Olga: De aquí y de allá, quien no era caribeño era de Francia, de Escocia… pero a las extranjeras había que enseñarle palabra por palabra. El castellano es un idioma maldito, Bernardino. Tiene tantas complicaciones y una no es la academia de lenguas…
Rivadavia: A pesar del entrenamiento, digamos.
Olga: (Reacciona como quien oye una indirecta) Siempre sospechaste que mi casa de comedias era un congal.
Rivadavia: Bueno, no pongamos nombres brutales. Quien dice congal dice mancebía, dice lupanar, dice jarana y un liberal no se anda metiendo en las camas ajenas. Hagan lo que quieran con sus cuerpos.
Olga: ¿Y el alma?, ¿dónde la dejamos?
Rivadavia: ¡Qué sé yo, no soy obispo! Soy el Presidente de las Provincias Unidas y no me ando metiendo en puteríos.
Olga: (Se pone de pie) ¡Más respeto con esta dama a quien hasta el padre Castañeda llamó “Faro de las artes”!
Rivadavia: No me hables de ese eunuco. Deberías incorporarlo en tu farándula, los roles de traidor le salen de maravilla. Haría un Judas de antología sin necesidad de ensayar.
Olga: ¿Por qué te detestaba tanto?
Rivadavia: El orden público es como tu teatro, todos creen saber la letra de la obra y cuando aparece el director nadie obedece. La Iglesia pensaba que yo tenía el deber de custodiar los valores cristianos.
Olga: ¿Y no es así?
Rivadavia: El gobierno debe atender a la máxima felicidad con el mínimo de dolor, ¿se entiende?
Olga: No.
Rivadavia: ¿Por qué obligar a la gente a militar en el papismo? No, que cada iglesia cuide su rebaño, el gobierno no se puede ocupar de esas cosas doctrinales, después riñen como comadres… (hace gesto de fastidio) No… fuera.
Olga: ¿Eso hace un gobierno?
Rivadavia: Los hombres del gobierno somos como el dios Jano, con dos caras, una privada y una faz pública que sólo muestra lo que conviene.
Olga: ¿Y a eso le llaman poder? ¡Están obligados a hacer teatro!
Rivadavia: Muchas veces un gobierno debe hacer lo que no quiere y no hacer lo que quiere. ¿Creías que somos omnipotentes, acaso?
Olga: ¿Y eso es el poder? ¿Ves, por qué conviene hacer teatro? En mi casa nadie tiene otro deseo que el mío. Siempre pensé que todo el gobierno es una farsa. Perdón por lo que te pueda ofender.
Rivadavia: Ustedes encienden las luces y nosotros en el gobierno estamos detrás de la escena. Pero sigamos… ¿gustaría una copita de jerez, madame?
Olga: Uy, cuánta amabilidad. Acepto.
Rivadavia: (Hace sonar una campanilla) ¿Hay alguien del servicio?
Olga: Cada día son peores, ya no tenemos servidumbre como en la colonia. ¿Por qué miércoles se les ocurrió eso de liberar los esclavos?
Rivadavia: No comprenderías las sutilezas que necesita la libertad, amiga.
Olga: Yo entiendo todo lo que se me explica...
Rivadavia: La libertad es... un nombre, una bella idea, un “flatus vocis” como decían los antiguos: sólo un ruido. Lo importante no es quién maneja la libertad sino quién maneja la justicia.
Olga: ¿Y qué tiene que ver la justicia con eso?
Rivadavia: La justicia es el poder, mi querida. Es la vara que premia o castiga, el que tiene la vara es quien maneja los hilos de todos los títeres.
Olga: Ya me gustaría ver los títeres...(Ríe) ¿Y el jerez? (Hace sonar de nuevo la campanilla)


miércoles, 6 de marzo de 2013

EN EL PROSTÍBULO, LA LUPE


EN EL BURDEL, LA LUPE, 
LA DUEÑA, EL INCA.









Ella abrió el cierre de su minifalda, el negro se arrodilló. Ella empezó una danza para quitarse la blusa; dio a desprender la hebilla del sostén negro de encajes que el contrabandista soltó con la misma suavidad con la que arrancaría un capullo entre espinas. Empezó a besar el pubis que ella empujaba mientras hundía la cabeza crespuda del morocho para que le arrancara la tanga con los dientes blanquísimos mordiendo el encaje negro, ya desnuda soltó los cabellos enrulados. El paulista estaba rociado de sudor marcados los músculos por ondulaciones eléctricas. Un puma amenazado que la Lupe acariciaba para domar amansando la bestia, sobándolo en la entrepierna. El escroto se arrugó y ella buscó el miembro con la boca.








El gringo también se desnudó dejando a la luz su palidez lechosa y retraída. La Lupe invitó poniéndose a cada macho en un brazo.
Con cadencias onduladas, arengaba a cada cual con las caderas.
La verga del contrabandista se puso rígida de nuevo, ella la tomó con las manos y se puso a mamarla. Con la misma boca repartía besos de fuego a los dos. El rubio empezó a penetrarla contra natura a ritmo poético.
¿Estás viendo ver, Procorpio?
Sí, doña.
 Y pensar que nos llega el deseo viendo los ojos del que desea. ¿No te pasa lo mismo?
Ver para creer, ver para caer.
Ay, con tus dichos, Procorpio. A mí me da un cosquilleo. Fijáte cómo se le hinchan las venas del cuello, se ve que el corazón está desbocado. ¿Sabías que muchos se santificaron por medio de la revelación del sexo?
Por los ojos entran los antojos, doña.
El chico está aturdido, ahora es como un médium, Procorpio. Los ojos de los dioses miran por él. Y él  sólo ve divinidades en los cuerpos desnudos. Pero ni él lo sabe. ¿Está rezando entonces, doña?
Reza por raza, la madre es una maga magnífica.
 ¿Y qué será lo que le dicen los dioses, doña?
No sé, no alcanzo a saber. Hace tanto tiempo que se me lo reveló, que al final se me rebeló. Mis visiones están levantiscas, dudan de todo y todo es duda.
¿Duda de mí?


Quizás; estar sola nos hace fabular  compañías dudosas. ¿Qué hace un Inca yanacón metido de sacristán de burdel? Está bien que le das categoría, no cualquiera se da el lujo de tener un camarero sumiso venido del Tiahuanaco. Un hijo de Manco Cápac capando las sofocaciones de la clientela cuando se solivianta por alguna chuchería. No cualquiera.
Mama Ocllo le dé salud, doña.
Yo no sé qué le dicen los dioses, pero sé que por primera vez está gozando con los sentidos y los sentimientos.



miércoles, 6 de febrero de 2013

EL ORO DE FAMATINA


1836 o 1837

/ EL ORO DE FAMATINA /

Tres ámbitos:

1.      Bernardino Rivadavia, 1837
2.      La vieja actiz hoy cherinola (la “Chonga” Olga Ponce)
3.      Ventura, la más vieja de las criadas
4.      Vicenta, la criada más joven
5.      Juliana, madre
6.      Alicia, hija de Juliana
7.      Marcos, hijo de Juliana




Ambiente decadente de la sala de lo que fue una fastuosa mansión. Con ménsulas doradas, capiteles, cortinas de brocato, detalles de un paño de pared hechos en telgopor y colgantes de la parrilla bastarán para insinuar las glorias pasadas del salón hoy derruido. Una gotera insistente caerá como si fuese el péndulo de un reloj que marca el ritmo de la decadencia. Las sillas y el poco mobiliario costroso dejarán ver que la penuria económica ronda a los habitantes. El fondo debe diseñar alguna forma de infinito prolongándose hacia el más allá si fuese necesario.
No se requieren recursos fastuosos ni los necesitamos, bastará con agitar la imaginación del visualizador de la obra para conseguir efectos casi mágicos. La decadencia siempre es un modo fantástico de ver el derrumbe propio de todo ser humano que se encamina lentamente a la muerte por más felicidad que consiga acumular durante la vida.
Hay una música obsesiva cuando se inicia, algo que fue un minué pero tan deformado como si lo tocase en un teclado de un piano desafinado, alguien absolutamente indigno de la música, como yo.





(Obra de teatro sobre la vida de Bernardino Rivadavia en el exilio, en Colonia del Sacramento, 1837. Rivadavia fue presidente en 1826)

Olga viste de un modo algo estrafalario, aún para la época de 1830: sombrero con plumas vistosas, flores, tules, abalorios; ropa de seda negra, boa de marabúes y su risa quiebra cualquier intento de solemnidad. La sala donde conversan tiene aspecto desolado: el mobiliario es viejo, desvencijado, polvoriento; el mantel de la mesa está roído, hay libros desparramados, trastos a medio cubrir con lienzos y telas bastas, gotea rítmicamente agua en una palangana. Rivadavia mantiene el porte orgulloso de quien cree en sí mismo a pesar de todo, habla como si estuviese diciendo un discurso ante una asamblea solemne, ríe discretamente con su vieja amiga, mientras sorbe una bebida que ambos comparten.

Rivadavia: No conviene declarar la verdad ante la servidumbre, amiga.
Olga: No tengo interés de tratarlos de igual a igual.
Rivadavia: Vamos a fingir desvaríos cuando entre la criada, es mujer malevolente con la lengua, siempre esculcando entre las sombras y no hay que olvidar que las paredes tienen oídos en el Virreinato.
Olga: Por mí, se quedarían mudas, no pienso hablar con esas negras.
Rivadavia: Mal necesario.
Olga: Eso lo sabrán en las casas, en los despachos; por fortuna en el teatro todos en un elenco son males necesarios. Hay que ver la de ínfulas que tienen esas mulaticas como la Amparito. Una vez le dimos el papel de Cleopatra y ya se viene creyendo reina del Nilo.
Rivadavia: ¿Y que disputan por ella Julio César y Marco Antonio? (Ríe)
Olga: ¡Ni más ni menos! No sabe fregarse el talón y se cree la futura emperatriz de Roma.
Rivadavia: ¿De dónde trajiste ese elenco? (Riéndose)

Olga: De aquí y de allá, quien no era caribeño era de Francia, de Escocia… pero a las extranjeras había que enseñarle palabra por palabra. El castellano es un idioma maldito, Bernardino. Tiene tantas complicaciones y una no es la academia de lenguas…
Rivadavia: A pesar del entrenamiento, digamos.
Olga: (Reacciona como quien oye una indirecta) Siempre sospechaste que mi casa de comedias era un congal.
Rivadavia: Bueno, no pongamos nombres brutales. Quien dice congal dice mancebía, dice lupanar, dice jarana y un liberal no se anda metiendo en las camas ajenas. Hagan lo que quieran con sus cuerpos.
Olga: ¿Y el alma?, ¿dónde la dejamos?
Rivadavia: ¡Qué sé yo, no soy obispo! Soy el Presidente de las Provincias Unidas y no me ando metiendo en puteríos.
Olga: (Se pone de pie) ¡Más respeto con esta dama a quien hasta el padre Castañeda llamó “Faro de las artes”!
Rivadavia: No me hables de ese eunuco. Deberías incorporarlo en tu farándula, los roles de traidor le salen de maravilla. Haría un Judas de antología sin necesidad de ensayar.
Olga:  ¿Por qué te detestaba tanto?
Rivadavia:    El orden público es como tu teatro, todos creen saber la letra de la obra y cuando aparece el director nadie obedece. La Iglesia pensaba que yo tenía el deber de custodiar los valores cristianos.
Olga:           ¿Y no es así?
Rivadavia:    El gobierno debe atender a la máxima felicidad con el mínimo de dolor, ¿se entiende? ¿Por qué obligar a la gente a militar en el papismo? No, que cada iglesia cuide su rebaño, el gobierno no se puede ocupar de esas cosas doctrinales, después riñen como comadres… (hace gesto de fastidio) No… fuera.
Olga: ¿Eso hace un gobierno?
Rivadavia: Muchas veces un gobierno debe hacer lo que no quiere y no hacer lo que quiere. ¿Creías que somos omnipotentes, acaso?
Olga: ¿Y eso es el poder? ¿Ves, por qué conviene hacer teatro? En mi casa nadie tiene otro deseo que el mío. Siempre pensé que todo el gobierno es una farsa. Perdón por lo que te pueda ofender.
Rivadavia: Ustedes encienden las luces y nosotros en el gobierno estamos detrás de la escena. Pero sigamos… ¿gustaría una copita de jerez, madame?
Olga: Uy, cuánta amabilidad. Acepto.
Rivadavia: (Hace sonar una campanilla) ¿Hay alguien del servicio?
Olga: Cada día son peores, ya no tenemos servidumbre como en la colonia. ¿Por qué mierda se les ocurrió eso de liberar los esclavos?
Rivadavia: No comprenderías las sutilezas que necesita la libertad, amiga.
Olga: Yo entiendo todo lo que se me explica...


Rivadavia: La libertad es... un nombre, una bella idea, un “flatus vocis” como decían los antiguos: sólo un ruido. Lo importante no es quién maneja la libertad sino quién maneja la justicia.