martes, 20 de febrero de 2024

 

EL PASO DE LA SOMBRA

 


(Consideraciones liminares acerca del poemario de Amanda Pedrozo)

 

La voz asombrosa de Amanda tiene la propiedad de encantar. He sido testigo de esos milagros o sortilegios que despliega inocentemente frente a un auditorio para cautivarlo. Creo que entre lo que dice y lo que es, no existe fisura. Amanda es lo que escribe y escribe lo que es. No imposta voces. No pide prestadas máscaras solemnes, dice su misa como quien conversa quietamente.

Al inicio, en “Vigilantes” evoca como al pasar figuras de las mitologías fundadoras de Occidente: Cancerbero, custodio del infierno; Medusa, la enemiga de la belleza; Paracelso, aquel colega médico que recetaba maravillas en forma de jarabes; Midas, el que fuera castigado por su codicia de oro. Cada personaje que cita en este texto breve, trae consigo la carga de su propia desgracia. Por eso, Amanda, cautamente, advierte. Nos advierte. Hay peligros hasta en lo inocente, como esos espíritus de los árboles que invitan a tenderse.

En “Narices” hay una profusión salvaje de percepciones, todo aquello que se puede mencionar por medio de un aroma, una fragancia o la asquerosa rispidez de la crápula.

“Mujer” es un texto con cruce de identificaciones que tiene resplandores en los que las palabras tiemblan al escuchar su propio tono: “de bruces en la hierba, mojadas de salivas y de besos” siguen resonando aún después de haberlas leído, siguen girando en ronda tras nuestra mente, siguen acompañando esa musicalidad que arrastran tras de sí. Eso es poesía. El fulgor luminoso que expira en el choque entre la palabra y su significado, pero antes de extinguirse, deja sus huellas en nosotros.

“Palabras” es casi una plegaria que abomina de los sustantivos vacíos, por eso la invocación final está destinada a las palabras “de los presos tristes, de los ángeles desahuciados, que persiguen capturarla hasta en un beso”.

Este libro ha resuelto dar libertad a todas las ataduras. Las convenciones sociales de gente muy educada no tienen eco en estas páginas. No hay sitio para las beaterías inútiles, ni la diplomacia social.

“Psicopatía” nos renueva las promesas del amor sacralizado, de ese que termina siendo la excusa para el calvario. De esos amores presidiarios, que asfixian, como esa niña inmolada en el altar de la sensiblería mezquina y cruel. De esos amores que matan jurando que aman.

“Consciencia” traza un itinerario similar del amor del hombre que solo siente su protagonismo cuando puede creer que es el único responsable de la arquitectura de sus sentimientos. La mujer, en ese trance, está ausente en sí misma. Es el clásico recipiente pasivo en el que se consuma la pasión. Amanda necesita descubrir un espejo más para que nos veamos a nosotros mismos, cada cual en su lugar, siendo arte y parte de los ritos sociales que consideramos fundamentales para el sostén de la vida en común. Ese espejo de Amanda no deforma. No se adapta fácilmente a la paz comunitaria: muestra. Y lo que vemos puede ser crudo, puede que nuestras desnudeces nos desilusionen igual que cuando nos vemos reflejados en un espejo y recordamos lo que fuimos en la juventud. La naturaleza ha purgado sus culpas en nosotros. Somos los desterrados hijos de Eva que no sabemos cómo volver al Paraíso. Nuestros defectos, nuestras mezquindades, nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra vergüenza, fue creando esa trama de pecados que llamamos “Sociedad” y es necesario que la poeta nos despierte del ensueño. Así como nos advirtió que no ingresáramos en “Vigilantes” nos instiga a salir del acomodo social en estos versos de “Indiferencia” cuando observa que “vos le sucedés al mundo como las algas, dóciles a las aguas, iguales a las lentas cabelleras de los dulces ahogados, así le sucedés vos al mundo. Y al mundo no le importa nada”

Esa es la quebradiza superficie del espejo que Amanda va engastando entre el mundo y uno. Y verdugos y niños y tormentas y músicas van sucediendo sin que al mundo le importe nada. Con afán de sacralizar podríamos llamar al mundo “Dios” o, como quería Spinoza “Naturaleza”. De todas formas, al mundo no le importa nada. Nuestra pequeñez e insignificancia se viste de decoro para ubicarnos bíblicamente en el centro de la Creación. Pero al mundo no le importa eso, ni nada. Sigue el recorrido con “Hachazo”. La oposición entre el mundo natural y los artificios de la tecnología (Internet, redes sociales) conspiran para crear un mundo ficticio ajeno a los círculos de la vida que la autora ha recibido en la infancia, contados por los árboles. El ciclo de los nidos, las arañas, los frutos, las algas, los lirios y la oscuridad se mecen en el recuerdo que no reconoce esta vida de artificio que nos hemos creado los seres humanos con el correr de los siglos. Lento acomodo tecnológico que sabotea la felicidad natural de cada uno por medio de imposturas.

La poesía, toda buena poesía no puede eludir el misterio del tiempo, la relación tensa entre la fugacidad de la vida humana y la eternidad del mundo en el que se desarrolla esa vida en constante devenir y cambio. Hay poesía épica cuando miramos el pasado y fijamos la eternidad en una mitología que no se resigna al espacio en el que la encerramos. Hay poesía profética cuando apuntamos hacia el futuro del perfeccionamiento de la vida perdurable. Y hay, sobre todo, poesía del instante cuando Amanda Pedrozo retiene la fugacidad del presente, atrapándolo en un destello instantáneo que contiene en sí toda la carga del pasado y la promesa del porvenir. Amanda, visiblemente, escogió esta última forma en su poética. Desde ese instante que se instala entre las palabras de un panteísmo intimista, la autora nos oficia con susurros una ceremonia que advierte nuestro destino por medio del conjuro de las palabras. Por eso, nos puede decir:

/Pero después he visto el fondo del silencio,

/a la oscuridad le ha sido dado el poder sobre el fuego y los astros,

/en el fondo de todas las aguas se gestan las palabras de esperanza 

/se abultan las semillas y se lanzan pétalos hacia la luz y el oxígeno 

/las canciones de las hojas limpian las almas en pena y consuelan a los niños 

/se espantan los hombres del pasado, han visto insomnes  

/desde sus calaveras danzando en los mares o sus dóciles restos  

/metidos en cementerios.

En “Inundación” renueva esos votos, hasta que se suicidan los ángeles.

Mis saludos de pie para tan alta poesía.

 

Alejandro Bovino Maciel

Buenos Aires, marzo 2022.

 

                           


 

sábado, 17 de febrero de 2024

KISSINGER: CIEN AÑOS DE INIQUIDAD

                                                      INIQUIDAD



Iniquidad = injusticia o gran maldad en el modo de obrar (RAE)

Nacido en la Baviera prusiana un 27 de mayo de 1923, Henry Kissinger murió el 29 de noviembre último, completando 100 años de vida signada por las intrigas, dobleces, hipocresía diplomática y cicaterías que tuvieron su máxima expresión en las décadas de los ’70 y ’80 del siglo pasado cuando ejerció como Secretario de Estado durante los gobiernos de Richard Nixon y Gerald Ford, lo que supone todo el manejo de las relaciones exteriores de los omniscientes EEUU, en una función que combina las cancillerías de otros países con las funciones de defensa exterior.

Visto desde el sur del Río Bravo (frontera de los EEUU con México) el centenario funcionario puede ser juzgado como un perfecto canalla de la política internacional. Cómodamente podría usurpar un capítulo de la Historia Universal de la Infamia de nuestro J.L. Borges. El poeta Alberto Boco lo define como “uno de los personajes más siniestros de la segunda mitad del siglo XX”. Kissinger perteneció a esa clase de gente para quien la palabra “escrúpulos” es un chiste; operan sin conciencia moral y excesiva indulgencia hacia sus trampas. De consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Nixon pasó a desempeñar, en 1969, la emblemática Secretaría de Estado de EEUU autopercibido como “Comisario del Planeta” entre los países del Primer Mundo. Intentó mediar en la Guerra de Vietnam consiguiendo un breve alto al fuego, lo que le valió el Premio Nobel de la Paz en 1973, tan devaluado cuando galardonan a funcionarios que, tras conocerse los desempeños de Kissinger revisando su prontuario años después, hizo que el Comité Nobel exigiera la devolución del Premio. Pero el vulpino señor Kissinger se negó: ni la medalla ni las coronas suecas volvieron a Estocolmo. La cicatería pudo más y este incidente pasó a la historia como una muestra más de la mezquindad y soberbia del Secretario de Estado. En funciones fue el artífice de la siniestra Operación Cóndor que sostuvo las dictaduras militares de Stroessner y promovió el golpe de Estado militar de Pinochet en Chile, en 1973 y el de la Junta Militar en Argentina de 1976. Al declinar los ’80 Mr Kissinger se alejó de la función pública para fundar la empresa Kissinger & McLarty Associates que, por supuesto, no es ninguna sociedad de beneficencia sino usina de “consultorías” para asesorar a empresas multinacionales en sus aventuras extranjeras fuera de los EEUU. Con todos los datos recogidos por ambos (McLarty fue “Enviado para las Américas” del gobierno de Bill Clinton) “consultores empresariales” se dedicaron desde el ámbito privado a ofrecer “asesorías estratégicas” a las multinacionales, lo que en otros términos llamamos “lobby” tal como especifica el diario La Nación del 8 de octubre de 1999 para las multinacionales que operan en América Latina. Consultada la firma Kissinger & McLarty por La Nación acerca de cuáles son las empresas que “asesoran”, respondieron que esos datos se mantienen “en estricta reserva”, como en todo negocio sucio: esa es la libertad del neoliberalismo.

En septiembre de 2001 el inefable George Bush (h) incluyó a Kissinger como cabeza del Comité de Crisis tras el ataque a las Torres Gemelas. Un periodista británico (Christopher Hitchens) publicó el libro “Juicio a Kissinger” donde detalla un sinfín de maniobras, acuerdos, pactos ocultos, engaños y estafas internacionales que el venerable señor Kissinger acumuló pacientemente a los largo y ancho de su vida pública. El escritor norteamericano Gore Vidal declaró que Kissinger era el “mayor criminal de guerra que anda suelto por el mundo”.

Si uno se ubica (como tanto cipayaje en Argentina que se autopercibe yankee aspiracional) mirando hacia el norte del Río Bravo, probablemente rinda homenaje al finado Kissinger como un perfecto aval a la política exterior de su patria. Pero visto desde el Río Bravo para el sur el señor Kissinger es la figura más repudiable que se pudiera recordar en el siglo XX en el ámbito de la política internacional.

Y nosotros vivimos al sur. Conviene no equivocarse de mapa y de historia. Los errores de espacio y de tiempo distorsiona toda la percepción de la realidad, como ya nos avisara el finado Kant.


ALEJANDRO BOVINO MACIEL

BUENOS AIRES, DICIEMBRE 2023.

 

EPICURO DE SAMOS: LA VIDA DEL JARDÍN

                                                 LA VIDA DEL JARDÍN


                                              


 

Epicuro de Samos nació en la costa jónica de Grecia 341 años antes de Cristo cuando el poder de Atenas ya había sido eclipsado por Alejandro Magno que convirtió a las ciudades-estado en provincias de su vasto imperio. Epicuro enseñó que el mundo estaba hecho de átomos, que eran unidades de materia invisibles e indestructibles y que se combinaban en el vacío para formar árboles, piedras, animales y todas las cosas naturales que vemos a nuestro alcance. Esta idea provenía de dos griegos anteriores: Leucipo y Demócrito de Abdera, pero Epicuro no solo la adoptó, sino que le dio una forma final que resultaba más lógica y convincente. Es increíble que 350 años del inicio de la Era Cristiana (es decir 2350 años antes del día de hoy) tres griegos, usando solamente la intuición, pensaran en los átomos que mucho tiempo después y por medio de instrumentos específicos, la física confirmaría como verdad. Esos átomos existen y sus combinaciones forman nuestros huesos, sangre y músculos y todo cuanto nos rodea. Hasta el aire está hecho de átomos de oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno.

Las enseñanzas de Epicuro fueron muy simples. Rechazó la metafísica del alma y la teología enseñando que, si los dioses existen, están muy lejos de nuestro mundo y no intervienen en él para nada. Esto eliminaba una causa de la angustia humana: si los dioses no tienen ninguna injerencia en nuestras vidas, es vano tenerles miedo o rezarles para conseguir su favor ya que, por lo que se ve a diario, no se interesan en nuestra miserable vida humana teniendo en su Olimpo una vida eterna y perfecta. Los Padres de la Iglesia en los primeros siglos de vida del cristianismo combatieron esta idea. Epicuro predicaba que aquí, en este mundo debemos hacer todo lo posible por ser felices ya que nadie tiene asegurada la sobrevivencia después de la muerte. Esta idea era contraria al cristianismo que prometía una vida perfecta y feliz después de la muerte, y enseñaba a padecer con resignación los dolores de esta vida humana condenada por el pecado, pensando en la recompensa futura.

El centro de esa felicidad que debemos buscar en este mundo, decía Epicuro, es tratar de disfrutar los placeres en su justo medio, sin excesos que el día de mañana traerán consecuencias perjudiciales y entonces pasaríamos de la dicha al llanto.

El sano placer, decía, debe cumplir tres requisitos: ser moderado, controlado y racional; es decir que siempre la razón debe mantener el dominio de uno mismo. Para ser felices, se necesitan tres condiciones: la aponía (que es la falta de dolores corporales), la satisfacción de las necesidades básicas (hambre, sed, abrigo) y la ataraxia, que es la serenidad del alma: no hay que permitir que algo de afuera nos perturbe.

El mejor medio para alcanzar la felicidad, recomendó, era la amistad. En el Jardín donde enseñaba todos eran amigos, hasta las mujeres, que en el mundo griego estaban relegadas al hogar. Reunirse para conversar y de ese modo enriquecerse mutuamente era la práctica docente del Jardín.  

Epicuro de Samos fue el primer filósofo profesional que se ocupó de analizar la amistad, que necesitaba de dos condiciones: uno, que no fuera amistad interesada para conseguir algo más, porque la amistad es un fin en sí misma, no un medio para alcanzar algo que me interesa. Y segundo, que se practicara la parresía, que es la obligación moral entre amigos de decirse siempre la verdad, aunque ésta sea incómoda. Precisamente, por ser amigos, yo confiaría más en un defecto que me lo mostrara una persona que aprecio y no un enemigo.

Epicuro dejó honda huella en la filosofía romana posterior: Cicerón y Séneca a menudo se apoyaban en las enseñanzas de este hombre que cayó en la miseria cuando los generales de Alejandro lo despojaron de su tierra, y en calidad de forastero retomó su vida por medio de la enseñanza de su doctrina, que rechazaba todo el armatoste retórico de Platón y Aristóteles para centrarse en la conducta humana que analizó con algo que hoy por hoy escasea entre los políticos y líderes estadistas: el sentido común.

 

ALEJANDRO BOVINO MACIEL

BUENOS AIRES, DICIEMBRE 2023

LOS SALTOS MORALES



No puedo predecir si el gran salto cualitativo que produjo Internet en la vida humana será bueno o nocivo. Quizás, como todas las cosas, tenga las dos caras de Jano: ventajas y problemas. Hasta el siglo XX la cultura era predominantemente literaria: la gente compraba y leía diarios, revistas, cómics, libros. Se estudiaban carreras con gruesos libracos (recuerdo en Medicina los tres gruesos volúmenes de Anatomía Humana de Rouvière que nos esperaban en el primer año) y todo era en base a la lectoescritura.

Cuando alboreaba el ansiado año 2000 irrumpió Internet en forma masiva y ya nada volvió a ser igual. La cultura se globalizó y se mediatizó. Todo se hizo vertiginoso, al ritmo agitado de un video-clip. El teléfono inteligente nos fue encerrando en una especie de solipsismo en el que creemos estar comunicados cuando solamente reproducimos gestos en fotos que compulsivamente creemos que necesitamos exponer para documentar nuestras vidas vacías. La forma de comunicación predominantemente literaria cambió porque asumió el formato audiovisual. La gente empezó a ver “otra vida” en videos, en las redes sociales, en Youtube, en Facebook e Instagram. Una amiga me dijo que, a fin de cuentas, el ser humano volvió a la normalidad ya que nuestra comunicación cotidiana se hace por medio de conversaciones donde vemos a quien hablamos y le escuchamos respondernos. Que la lectura era la desviación, ya que la vida humana no transcurre entre las 22 letras del alfabeto.

La escritura se inventó hace más de tres mil años. Todo el conocimiento humano se fue convirtiendo en memoria porque los escritos fijan datos y procedimientos (así se hace esto, así se hace lo otro) que veinte años después alguien puede consultar y enterarse del contenido. La cultura formó una cadena en la que cada eslabón era un texto que se consideraba útil para desarrollar el pensamiento, en todas las áreas del saber humano. Las matemáticas sobrevivieron en los libros, la biología se desarrolló en laboratorios y bibliotecas, la Historia se cosechó archivando documentos del pasado, la literatura guardó las obras que nos advierten sobre nuestras conductas y nos instan a ser mejores que nosotros mismos, la filosofía yacía en pergaminos hasta que el Renacimiento los fue exhumando para reiniciar el pensamiento humanos hasta sus últimas consecuencias.

Todo esto entró a tambalear con el Tercer Milenio. El mayor impacto lo sufrió el sistema educativo. Las pruebas Pisa que evalúan los conocimientos educativos cada vez resultan más alarmantemente frustrantes. Los rendimientos básicos (evalúan lenguaje, ciencias básicas y matemáticas) resultan deprimentes. Lo mismo sucede con los exámenes de ingreso de las universidades nacionales (como la de La Plata) que únicamente deberían ser un repaso del ciclo secundario, pero muy pocos los superan. Y cuando publican las preguntas, uno quiere tomarse la cabeza con las manos. Son preguntas sumamente básicas. Aun así, solo el 30 % supera el mínimo requerido.

Ignoro si la humanidad entró en “otra fase” y el sistema educativo quedó decididamente obsoleto, como aseguran algunos especialistas. Ignoro si todo esto tendrá consecuencias o no en el futuro desempeño laboral y social de estos milennials que repudian conocer una regla de tres simple o la diferencia entre “valla” y “vaya” y en los mensajes los usan indistintamente en frases como “quiero que vallas a la plaza” y, aunque el corrector les avisa que está mal escrito, le dan el clic al envío porque la vida se ha vuelto urgente, nada puede esperar.

Lo grave es que los espera un trabajo para ganarse la vida el día de mañana; por ahora, reparten comidas en bicicleta y se preguntan por qué la vida es tan dura.

ALEJANDRO BOVINO MACIEL

BUENOS AIRES, DIC 2023

ALBERTO BOCO Y LA OTRA VERSIÓN DEL RIACHUELO

       ACERCA DE “RIACHUELO” POEMARIO DE ALBERTO BOCO. 

      EDICIONES DE LA QUINTANA, BUENOS AIRES.

ISBN 978-987-05-5046-4

Riachuelo en la Vuelta de Rocha
 

Antes de condenarlos por falsarios e impíos, Platón —en el Ión— le hace decir a Sócrates que la poesía nace de la posesión de la inspiración divina, regalo de los dioses cuando dispensan a un ser humano, el poeta, al que insuflan y que se diviniza en el trance para poder expresar su belleza en el texto. Para Platón, entonces, ese arrebato místico era condición para la poesía. Más tarde los expulsará de su República ideal.

Alberto Boco quiere revertir estos chismes. Ha escrito un extenso solo poema que conforma un libro: Riachuelo. Boco no esperó el advenimiento de dicho soplo sagrado. Boco recorrió las orillas de La Boca y Barracas donde el Riachuelo agoniza antes de morir en el estuario del Río de la Plata, el río que es mar, el mar que es río.

Para quienes están ajenos a la geografía argentina se aclara que el Riachuelo es el último tramo del río Matanza-Riachuelo de 64 kilómetros de largo que nace en la provincia de Buenos Aires. Antes de arribar el Río de la Plata donde desembocan las aguas, la cuenca recorre los partidos de Cañuelas, Las Heras, Marcos Paz, Ezeiza, Merlo, La Matanza, Esteban Echeverría, Lomas de Zamora, Lanús y Avellaneda para terminar formando el límite sur de la ciudad de Buenos Aires. Esto significa que el curso hídrico recoge toda la sentina y residuos industriales de factorías, curtiembres, procesadoras, fábricas e industrias que conforman aproximadamente el 30 % del PBI de Argentina. Ya se puede imaginar quien lee esto lo que significa el desastre que espera a esas aguas de residuos sin tratamiento alguno flotando en el tramo final que rodea los barrios de Barracas y La Boca de la Capital de Argentina.

Lejos de cualquier inspiración divina, este basural flotante, ayuno de modo alguno de posesión sagrada lleva al poeta Alberto Boco a escribir para hurgar la belleza aún donde está exenta por naturaleza. Insiste el poeta. No lo amedrentan las apariencias porque sabe, con Parménides de Elea, que la ilusión cubre este mundo que deviene continuamente en costras, podredumbre y cieno. No se atiene únicamente a la verdad invisible detrás de los fenómenos: “vimos las botellas de plástico y los bidones apoyados en la capa de aceite”, comienza para diluir toda idea romántica que envuelve al lector desde las primeras impresiones de poetas anteriores como Enrique Cadícamo en “Nieblas del Riachuelo” cuando aún no se presentía la catástrofe; Boco ya es testigo del tiempo. Ya es testigo de la devastación, pero un testigo tan lúcido que ni siquiera descuida la forma que, en materia de poesía, es el fondo del asunto. Reflexiona y antes de escribir para describir anota: “Se ha dicho que ubérrima es una cagada como adjetivo”. No le falta razón. Es una palabra tan horrible que parece del mismo plástico podrido que pulula en el Riachuelo: “Las burbujas atraviesan el caldo de metal y barro / dejan soldaduras o agujeritos en la brea de la impaciencia”. Ya en obras, es necesario aclarar que, según la célebre epístola XIII del Dante a su hospitalario amigo Cangrande della Scala de Verona, la interpretación poética admite el uso de cuatro sentidos de lectura: 1) Literal: que es exactamente lo que está escrito, letra a letra. 2) Alegórico. 3) Moral. 4) Anagógico. Para la lectura de este Riachuelo optaré por los tres últimos sentidos simbólicos, dejando de lado la creencia puntual en la letra muerta. La poesía, creo, es la intención de resucitar las palabras muertas del cementerio del diccionario y esto me veda la lectura lineal o literal según el Dante en la “Carta” a Cangrande. Aquel 2) Alegórica es la interpretación que, por medio de figuras retóricas, remite la lectura a las imágenes y metáforas que utiliza el autor. ¿Qué nos quiere significar el poeta Boco describiendo el Riachuelo convertido en una ciénaga emponzoñada? La 3) Moral alude a la “enseñanza” que podría imprimir a nuestras conductas futuras la reflexión del presente poético. Y por último, el 4) Anagógico es el recurso que invita a superar la interpretación llana del texto para devolver el sentido trascendente para el que fue escrito en clave poética y no como un informe pericial del medioambiente.

Por entre la podredumbre, dice Boco, “pasa un sueño del progreso industrial” y en este basural pluvial a cielo abierto es donde la imagen más cruda de los tiempos modernos estampa el retrato más infeliz: el que lleva al sufrimiento por contaminación del sistema en el que vivimos. Este es, quizás, el sentido moral de tanto desperdicio mal mezclado, transitante por las aguas turbias “Bèla Bártok en discurso de fondo a cierto ecologismo” escribe Boco, tal vez recordando que el músico y compositor húngaro es autor de El curso del Danubio, el río plácido que divide Europa y sigue un curso antes azul, ahora turbio al pasar por sus 2888 kilómetros tras haber atravesado diez países que otorgan la carga diaria de 4 millones de toneladas de residuos plásticos y sintéticos que arroja al Mar Negro. Todo recuerda a todo porque el universo, para la poesía, está tanto en la Vuelta de Rocha como en Baden-Württemberg de la Selva Negra alemana.

No conviene perder el rumbo y añorar los reclamos de protocolos de protección ambiental que los gobiernos firman para olvidar en cada cena de cada cumbre. Boco no escribió “Riachuelo” para asociarnos a Greempeace. Atravesemos esta lectura moral para adentrarnos en la anagógica, hija de la alegórica. Sigo escrupulosamente las indicaciones de Dante en quien tengo más fe que en varias biblias y coranes. Alude Boco a las contingencias hidrográficas: inundaciones repentinas que arrasan bañados y pueblos. “Por qué pediríamos justicia en el azar o consideración a la naturaleza, / clemencias de segundero para las cosas del hombre”. El poeta rehúsa las acusaciones intempestivas, renuncia a la causalidad de la culpa y el perdón. Insinúa que la naturaleza carece de teleología metafísica y, en consecuencia, ética. La naturaleza ignora qué es el bien y el mal en el decálogo posmoderno. La naturaleza opera fuera de nuestras expectativas homocéntricas. La mirada de Boco es como un faro de luz implacable: “un mirador óptico del tipo / Eche veinte centavos en la ranura. / Nunca faltan adoradores de la distancia. / Ponemos la moneda y los ojos y por un momento movemos los / tubos / cremos. / El miedo es el disfraz y la estrategia se renueva los préstamos del olvido. / Decían que saber qué es no saber...

La forma que imprime Boco es posmoderna, el recurso es barroco. Este juego de miradas y ser mirado, de inventar distancias que solo existen en la pared del fresco del Barroco, como esos asientos de sibilas y profetas que parecen salir del techo de la Sixtina, por obra de la perspectiva exasperante de Miguel Ángel. O el cruce de miradas y visiones de Las Meninas de Velázquez. También aquí, esta observación y espejo que utiliza Boco a orillas del Riachuelo, remonta a la ilusión permanente como discurso. Todas las entelequias metafísicas del ser y el no ser se hacen añicos ante la desolación de estas aguas profanadas por la decadencia económica. El poeta, como el Dante, describe el desfile de este infierno industrial recorriendo las riberas del Riachuelo: “Hay un hangar en la otra orilla / vacías lanzaderas tejen todavía y dejan un viento duro / que preserva y corroe las cosas arrinconadas” o también “hay vías de trocha inaudita cubiertas de musgo azulino” “el verde de un bronce tenaz / bulones, tuercas barras / Los vidrios eran turbios por el naranja de los óxidos / para un color de atardecer ajeno a los propósitos”.

La enunciación de esta lista de objetos muertos compensa el inventario de los males para trasladar el malestar en cualquier lector/a atento a lo que el ser humano es y lo que el ser humano hace. “Y estamos frente a nuestros ojos / obligados a mirar ya sin la ortopedia juguetona”, escribe Boco. Consigna. Labra un acta para que la desidia nos sea cruel. Porque los transeúntes que el poeta observa caminando en la misma orilla del Riachuelo parecen ciegos: “Una mujer de pelo renegrido y piel casi translúcida. / Otra mujer y un hombre. No es posible saber lo que ven” y en ese tránsito Boco escoge un símbolo: una hormiga que camina entre los pies que nadie detecta sino el poeta que ha concentrado su interés en este mínimo animal. Imagina otras hormigas en muros, en oquedades de la decadencia de trazas y edificios en la “barraca naval” mientras otros viandantes recorren la ribera, indiferentes a la suerte de aguas y hormigas.

“Queda el sol de la tarde filtrado por las hojas / la tristeza no / lo triste de nosotros queda / mientras el agua va pasa fluye desafía nuestra cabeza”. En la mente el río de Heráklito mantiene el curso eterno de “las aguas estigias” del Riachuelo. Imágenes fugaces de un cigarrillo de marihuana que jóvenes indiferentes se pasan de mano en mano dibujando un Cezanne o un Quintela Martín de desarmadero. La Estigia no recuerda. Es el olvidadero mitológico donde la muerte aguarda para liberarnos de todo pasado así como el poeta, viajando en un bus de la línea 152 va dejando atrás a pesar de la visión de Clitemnestra antes del crimen de Agamemnón. “En los barcos quedan imantados los tiempos del viaje” porque este puerto clausurado del Riachuelo solamente conserva cadáveres navales. Barcos viejos asidos a las bitas por los siglos de los siglos. Quietos como aquellas naves griegas que los vientos rehusaban empujar hasta tanto se sacrificara a la niña Ifigenia. “Las veleras naves no se moverán a menos que la niña muera”, dice Boco. Caronte trafica viajeros con sus monedas funerarias, La vertiginosa descripción que sobreviene tras el abandono devuelve a la memoria todo cuando escamoteó la Estigia: las grúas, el Ford que recibe la carga de piedras, el basural y Yuyo verde, la fotografía en la carpeta del forense después del asesinato, el tordillo de crines caídas, las formas caprichosas en las que reconstruye la memoria hecha de retazos de realidad: “Palabras en la oscuridad que vienen de la superficie” dirá Boco. Y todo es “un efecto del día dentro del día” que la imaginación ha construido con el frágil material de las palabras.

El alegato final nos advierte que este paseo inocente puede llegar a ser el descenso —katábasis— a lo profundo de las destrucciones, al Hades material que los humanos supimos edificar sacrificando todo en nombre del progreso indefinido y el estado de bienestar; o puede ser un ascenso, un alpinismo de llanura en busca de la salvación a pesar de saber de antemano que el cielo está vacío. Que los dioses que fabricamos, huyeron de la destrucción. La poesía de Boco clausura algunas esperanzas y abre otras para este atribulado siglo XXI donde nada es lo que parece.

ALEJANDRO BOVINO MACIEL

DICIEMBRE 2023

 

ALBERTO BOCO
 

 

BIOGRAFIAS

 

Alberto Boco nació en la Ciudad de Buenos Aires, República Argentina, en 1949, donde actualmente reside. Ha publicado 8 libros de poemas: “Arcas o pequeñas señales” – Buenos Aires – 1986 – Libros de Tierra Firme. “Galería de ecos” – Buenos Aires – 1989 – Ediciones Ultimo Reino. “Ausentes con aviso” – Buenos Aires – 1997 – Libros de Tierra Firme. “Cartas para Beb” – Buenos Aires – 2007 – Edición del Autor. “Riachuelo” – Buenos Aires – 2008 – Ediciones de la Quintana. “Malena” – Buenos Aires – 2012 – Edición del Autor. “Estación de nosotros” – Buenos Aires- 2014 – Buenos Aires Poetry. “Visitas inoportunas” – Buenos Aires – 2014 – Editorial El jardín de las delicias. “Para un programa de disolución y otros textos” – Buenos Aires – 2016 – Ediciones En Danza. Mantiene inéditos más de 10 volúmenes de poesía. Poemas suyos fueron publicados en revistas literarias de Argentina y el exterior, entre ellas Río Grande Review de la Universidad de Texas at El Paso, EE.UU.; Revista Nagari, Miami, EE.UU., y Littoral Magazine, Reino Unido. Poemas suyos han sido también publicados en revistas literarias en Colombia, Brasil y Rumania. Ha recibido diversas distinciones, entre ellas el Primer Premio en el Primer Concurso Nacional de Poesía “César Domingo Sioli". de Argentina. Escribió varios artículos y reseñas en revistas literarias impresas y virtuales, de Argentina y del exterior.

 

Alejandro Bovino Maciel es autor argentino y médico psiquiatra nacido en Corrientes en el siglo pasado. Escribe teatro, ensayo y narrativa. Vive actualmente en la ciudad de Buenos Aires. 

(Va foto de Alberto Boco en adjunto)

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Alejandro Bovino

NAVIDAD 2023 : POLÍTICA CRIOLLA SIN VILLANCICOS (NADA PARA FESTEJAR)

                                  POLÍTICA CRIOLLA SIN DIN DIN DONG




 

Nuestra querida República puede considerarse secuestrada por una camarilla política que ganó legalmente las últimas elecciones, pero está lejos de legitimar su poder, que es la capacidad de gobernar contando con el amplio consenso de los ciudadanos. La sociedad está técnicamente dividida entre dos grandes bandos: uno que exige reformas a cualquier precio en el sistema político, social y económico y otro bando que considera que la reforma de una sociedad compleja no se hace por medio de decretos si seguimos dentro de un sistema democrático. La política es el instrumento que la ciudadanía tiene para allanar sus diferencias, pero toda política exige capacidad de negociación.

¿Qué es, básicamente, negociar?

Tratar de hallar una vía intermedia usando el diálogo, tanto ciudadano, a través de los medios de comunicación —como este canal que estoy utilizando—como institucional —para eso existen las cámaras legislativas— y de ese modo escuchar atentamente la expresión de la sociedad para tomar decisiones que ni perjudiquen del todo a un bando ni beneficien del todo al mismo bando. El problema que tenemos ahora los argentinos reside justamente en la discapacidad del Presidente para encarar cualquier forma de negociación. Ya en campaña se mostraba colérico ante cualquier forma de cuestionamiento a sus ideas. Entraba en “trance” y se ponía a gritar, insultar, descalificar e inventar dicterios contra su interlocutor. Ha llegado a tratar de bobos y mogólicos en pleno debate frente a las cámaras. ¿Cómo se podría dialogar con alguien que al primer “pero” que usted oponga, lo trata de mogólico?

Esa discapacidad para todo modo de diálogo ha derrapado en esa catarata de medidas del último decreto de necesidad (DNU) y urgencia anunciado. Dicho DNU es, en su conjunto, sin base jurídica ni constitucional que lo sustente, un desatino provocado por el modo autoritario y casi procaz con el que pretende manejar su investidura. En campaña amenazó cerrar el Congreso en caso de ser rechazadas sus medidas. Y es que será el caso. En una república existen tres poderes independientes. El Presidente está frente a dos poderes que tienen el deber de observarlo: los ámbitos judiciales y legislativos. De hecho, el DNU debe pasar por una comisión bicameral para tener vigencia legal plena. Hay juristas que sostienen que el mismo instrumento está viciado de origen: un DNU supone una necesidad y urgencia en la medida extraordinaria que se pretende imponer, que, además, debe ser una. Ya se instalaron denuncias de inconstitucionalidad, tanto del DNU “in toto” como de medidas específicas que afectarán a tal o cual sector. Pero en el que emitiera el Presidente existen de todo tipo y color, algunas francamente sin urgencia alguna, como aquella que pretende regular el funcionamiento de los clubes de fútbol. Es la Biblia y el calefón, emitidas sin anestesia con la amenaza (ese fue el tono que usó) “de que vendrán muchas más”.

El estilo del Presidente es el de un autócrata o quizás un emperador —se ha llegado a comparar él mismo con Napoleón— pero la Argentina no es un imperio ni una satrapía. Es una República por definición constitucional.

La respuesta espontánea de la gente fue un estruendoso cacerolazo la misma noche en la que anunció las medidas. La gente —estuve frente al Congreso— se mostraba atónita, indignada, enojada, remisa a esta forma súbita de colonización, diría Habermas, del Estado en la vida social.

Las cartas están echadas. Una vez más es responsabilidad de la ciudadanía en su conjunto estar alertas y atentos a cuanto sucede porque las medidas afectarán cada aspecto de la vida económica del futuro. La derecha siempre, históricamente, nos pide que “hagamos un sacrificio que el próximo año estaremos mejor” ¿Cuántas veces escuchó esas promesas estimado lector, lúcida lectora? Yo la escuché ya una veintena de veces. Y ese año de riqueza y esplendor nunca llegó. La sociedad debe estar alerta porque sabemos que cualquier calamidad que arrojen sobre Argentina podrá salir nuevamente a flote mediante el trabajo, la inteligencia y el sentido de comunidad y solidaridad que existe entre nosotros. Somos un país bipolar. Atravesamos estas tormentas políticas muchas veces: ya sabemos que no vivimos en Suiza. Estuve un solo día en Suiza y, francamente, para vivir como máquinas, me quedo con Argentina. Mil veces.

 

ALEJANDRO BOVINO MACIEL

BUENOS AIRES, DICIEMBRE 2023

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MITOMANÍAS SOCIALES II

 

IMPUDICIA PUBLICITARIA


 

Hartos de la T.V. de aire que nos mortificaba con publicidades reiterativas y cansinas, nos abonamos al cable. Craso error. Resulta que el cable, por el que pagamos una suma excesiva, se ha convertido en el refugio de la publicidad que antes orneaba por la televisión abierta. La propaganda de “fulana pagó 20 dólares y su amiga pagó 16” de los hoteles y “queridos 20 te voy a contar un poco sobre los 30” ya me han convencido de jamás usar esa plataforma hotelera ni la marca de automotores del león de Francia.

Si tienen tan poca imaginación para ofrecerme el producto, éste no ha de ser muy bueno. Pero lo más irritante es la insistencia machacona con la que una y mil veces interrumpen el documental para volver a repetir esas estupideces publicitarias. Y después, la gente de cable se pregunta, alarmada, ¿por qué baja sin parar el prendido de la señal?

Pues, señores, ¡porque son más aburridos que leer la Tabla de Logaritmos!

Aunque debemos reconocer que el tono general de la publicidad se ha vuelto más desfachatado. Ya hay gente (y hasta dos mellizos) comentando que les arde el ano, otro se queja del dolor anal que no le deja pedalear su bicicleta, una tercera que le da vergüenza el prurito por tener que rascarse en cualquier sitio frente a sus amistades; y todo para recomendar una crema hemorroidal que, según el anuncio, es la panacea anal.

En otra, una ronda de señoritas confiesa —como hablando entre amigas, pero frente a cámaras— que tiene ardor y escozor en la vagina. Todas parecen coincidir en que las trichomonas atacaron en forma de pandemia todos los genitales femeninos a tiro y, menos mal, una de ellas, más experta, extrae un óvulo o un spray que combate eficazmente las causas de flujo, fermentos, picazones y demás molestias pelvianas. Ni hablar de la comercialización de toallas íntimas —con o sin orejas protectoras— tampones, desodorantes con perfume a gardenias... la lista es virtualmente tan larga como las góndolas de las modernas farmacias-supermercados dedicadas al rubro. Tampoco olvidemos las hierbas para dormir, los compuestos para la dificultad miccional masculina, las cremas de todo tipo para rejuvenecer, quitar manchas, quitar verrugas, arrugas y sumar brillo. Las píldoras digestivas, colagogas, antiácidas.

Toda esta farmacopea clandestina evita lo más importante: consultar con un médico sobre los problemas. El síntoma, la molestia, muchas veces es la primera y única señal de alarma para advertir enfermedades —como el cáncer— potencialmente letales. Con estas recomendaciones publicitarias solamente conseguiremos adormecer el síntoma o la molestia sin curar la verdadera causa, y de este modo, tal vez, por qué no, quién sabe, perderemos la única oportunidad de reconocer el verdadero mal para atacarlo a tiempo.

 

ALEJANDRO BOVINO MACIEL

BUENOS AIRES, ENERO 2024

www.alejandrobovinomaciel.webador.es

¿QUÉ MAL HICIMOS LOS ARGENTINOS?

                                                      


Como una maldición bíblica empezaron a llover calamidades de todo orden sobre la sociedad: licuación del salario que se derrite literalmente en las manos después de la brutal devaluación del gobierno libertario, suba del precio del transporte (que es vital para mantener la dinámica laboral) a niveles nunca vistos, suba sin freno de prepagas, combustibles, carne, arroz, pan, lácteos, yerba, aceite. 

Con la vigencia del DNU masivo, ya nada parece tener control en la Argentina, desaparecieron las regulaciones y vemos en crudo la terrible voracidad del mercado elevado a semidiós por las corporaciones y grupos económicos que se apresuraron a rodear al Gobierno que llegó casi huérfano al poder. 

La presencia de Federico Sturzenegger en el gabinete y acompañando los “paquetes” impositivos, fiscales y económicos dejan claro testimonio de esta mano negra detrás del poder. 

¿Quién votó a Sturzenegger? 

Nadie. 

Ni siquiera figuró en los padrones de candidatos en las elecciones. Pero como el Ministro de economía sólo entiende de finanzas y bonos, gente allegada presionó para que las grandes corporaciones tengan presencia activa en las decisiones y allá fue el cadete Sturzenegger a cumplir su misión.

¿Cuál es la misión de economía? 

Cuando el timón de la economía lo maneja la derecha el resultado siempre es el mismo: transferencia de recursos de la gente a las grandes fortunas que se amparan en el capital. La excusa es que “gastábamos mucho en ayuda social y eso trajo déficit fiscal y hay que ajustar, es decir, detener los gastos sociales y beneficios en la distribución de la renta fiscal” 

¿Qué es lo que se detiene? 

Lo que el Estado recauda a través de impuestos, que son sumas enormes, piense nada más que cada vez que usted hace una compra, desde un kilo de cebollas a un automóvil 0 km, el 21 % de lo que paga va al Estado como IVA. No le cuento todos los demás impuestos a la renta, a las ganancias, a las propiedades, a las exportaciones, a las importaciones, a la circulación de bienes y servicios, etc. etc... 

Esos enormes recursos que recauda el Estado conforman una inmensa masa de dinero y activos que administra el Estado, especialmente el poder ejecutivo a través de los ministerios.

Ese dinero en ronda es el que se disputan quienes acceden al poder. La ayuda social es un gasto. Si la eliminamos, el dinero queda disponible para otro destino. Al Gobierno actual no parece importarle las consecuencias de cortar abruptamente los recursos a comedores infantiles, escuelas (donde muchos niños/as almuerzan a veces como única comida del día para zonas muy pobres), transporte para ir y venir al trabajo o la escuela, hospitales, universidades, colegios. 

La política liberal del “sálvese quien pueda mientras yo viva bien” necesita de adherentes que se han desprendido de su contexto social y viven en un ensueño egoísta. El mismo Presidente parece estar viviendo un video-game en el que no importa si el barco en el que navegamos los casi 50 millones de argentinos tiene destino a flota a la deriva. Por ahora él solamente percibe enemigos y su mayor preocupación parece estar en derribar oponentes por twitter, viajar por sinagogas y catedrales y ocultar la papada al sacarse una foto. 

Todo es maquillaje, mientras en el país el descontento ya está a la vista y se ve mucho más fácilmente que una papada.

 

Alejandro Bovino Maciel

Buenos Aires, febrero 2024

 

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Alejandro Bovino

 EL RECUERDO DE UN GRAN ARTISTA 

DEL CARNAVAL DE CORRIENTES *

 

Ramón Alcides Chávez, que firmaba sus trabajos como Alcides Galo fue un amigo querido desde mi adolescencia, militando ambos en la Acción Católica —cuyo origen fascistoide ignoraba por entonces— y que después se abrió paso en el mundo del diseño y la confección de trajes de Carnaval y teatro. Alcides fue uno de esos artistas que en provincias tenemos arrumbados, como si olvidar fuese un ejercicio meritorio. Olvidar es un lujo para nuestros pagos correntinos en los que el talento no sobra.

Alcides Galo nos ayudó en todas las puestas teatrales que hiciéramos allá por los ’80 con el Ateneo Cultural. Actuó, además, en varias de las obras y hasta en la película para TV que hiciéramos. Alcides Galo se encargaba con solvencia de todo: desde la puesta escenográfica, el vestuario, maquillaje, peinados, detalles ya que las obras eran todas de época. Asesoraba a los actores, distendía el ambiente siempre tenso de las puestas con un humor infatigable que daba siempre en el blanco de la ironía, que manejaba con soberbia inteligencia.

Pero como dije, su venero estaba en el diseño y confección de los trajes de carnaval. Era de esos artistas que privilegiaba la imaginación por sobre la mera copia. Con tres elementos, como dicen que hizo Zeus, era capaz de armar complejas filigranas recamadas en piedras de cristal y voladas con plumas de aves que era lo que se usaba por entonces en los lujosos trajes de carnaval. El plástico vendría después. Alcides tenía intuición y buen gusto. Sabía combinar perfectamente cada elemento en el espacio para crear belleza con sentido, nunca belleza ornamental, no. Decía —y lo recuerdo— que todo lo hermoso debe hablarnos de algo además de tocar el corazón. En el diseño, por ejemplo, un espaldar contenía elementos vivos del tema que le proponían. Allá una constelación de strass, detrás un celeste de amazonas para representar un cielo de verano. En eso consistía su sensibilidad: nada quedaba suelto o sujeto al azar. Si uno sabía buscar, como en la obra de todo verdadero artista, ahí estaban los significados que siguen hablándole a nuestra mente después que la obra de arte ha desaparecido. Esas huellas, ese camino hacia otro sentido es el que nos proponía Alcides Galo. Quizás nosotros, encerrados en este punto del mapa donde luchamos a diario para sobrevivir con míseros sueldos, no nos hayamos detenido lo suficiente para comprenderlo. Pero lejos de Corrientes, lejos de Argentina, en el Carnaval de Niza en dos días leyeron todo ese contenido que a mí me llevó años y lo premiaron con Mejor Diseño por el conjunto de trajes que, rememorando la Fiesta de San Baltazar, llevara al Carnaval del mundo en Niza en 1989.

Para evitar el olvido, que es la peor forma que tiene la muerte, algún palco o tribuna del Carnaval correntino debería llevar el nombre de Ramón Chávez.




 

Alejandro Bovino Maciel

Buenos Aires, febrero 2024