miércoles, 7 de diciembre de 2011

LA HISTERIA DE EUROPA

HISTERIA

DE EUROPA




En lo sucesivo, cuando estudiemos historia de Europa estos años serán conocidos seguramente por algún cronista sarcástico como “histeria de Europa”. La crisis económico/financiera/social no parece dar tregua a una enérgica canciller como Frau Merkey y su socio desesperado, Monsieur Sarkozy, ambos metidos a redentores del euro.

¿Cuál es el origen de esta prolongada terapia intensiva? El arrastre de la crisis generada en 2008 por la quiebra de Lehman Brothers (compañía global de servicios financieros de Boston) en EEUU, que trajo viento de cola que afectó a las grandes economías subsidiadas, como la europea y la norteamericana. Contra lo que predicaba David Ricardo acerca de las ventajas comparativas están los economistas que sostienen la soberanía económica.

Vayamos por parte. Pensemos en nuestra región.

Según Ricardo es más económico comprar vino a Chile o Argentina que tienen condiciones físicas muy propicias (clima, suelos, larga tradición en la producción vitivinícola…) para la crianza de la vid. Venezuela podría cultivar uvas pero comparativamente les saldría mucho más caro por las sucesivas adaptaciones de suelos, riegos, y formación de técnicos que necesitaría para producir vino de calidad. Comparativamente, conviene más comprar a Chile o Argentina que ponerse a vitivinicultores con resultados a largo plazo e inciertos. Pero, saltan otros analistas, y alertan acerca de la necesidad de mantener soberanía productiva, no depender de otros países a la hora de obtener los insumos básicos (cereales, petróleo, carnes) y entonces deciden pagar la diferencia de producir en su país todo lo necesario aunque deban pagar el doble por las uvas de mala calidad. La diferencia, la pone el gobierno en forma de subsidios que pagan buena parte de los costos que implica desobedecer a Ricardo. Este excedente a gran escala, año tras año, va acumulando deuda que, sumada al déficit fiscal (la diferencia entre lo que el Estado recauda por medio de impuestos y lo que debe pagar como sueldos y servicios) llevan a situaciones caóticas como las que vivimos los argentinos en 2001 después de una década de menemato con pizzas y champán, años en los que el gasto público se cuadruplicó mientras la recaudación fiscal, por el cierre de fábricas y empresas que son las que más aportan a las cajas del Estado, se retrajo en forma alarmante. En esa Argentina no tan lejana el endeudamiento no se originó en subsidios sino en el gasto descontrolado de un gobierno tarambana que nos hizo pagar los platos rotos de la fiesta a quienes ni siquiera fuimos invitados, pero fue una excelente lección para aprender a votar y saber que en democracia quien juega, pierde. Así llegamos al 2001, a los tumbos.

La crisis del 2008 en EEUU gestionada en base a una orgía de créditos hipotecarios con la que los bancos especulaban, llevó a la quiebra de Lehman Brothers y esto arrastró al sistema financiero global. Cuando el sistema financiero enciende la luz roja, todos los tenedores de bonos desean cobrarlos para pasar ese activo a otros bienes de menores riesgos, y cuando fueron a cobrar los bonos se encontraron con Irlanda, Grecia y Portugal en dificultades. No podían canjear (devolver el dinero de esos bonos) y nadie quería comprar bonos de tan alto riesgo. No hace falta ser premio Nobel de economía para saber que España e Italia están bailando en la cuerda floja. Y hay otros países en la cola.

Desde que se creara la Unión Europea todos sus integrantes están obligados por la moneda única, el euro. No pueden devaluar ni recurrir a ningún mecanismo monetarista porque comparten esa moneda con todos los países de la comunidad. Por esta razón y como medida desesperada, los líderes Merkel y Zarkozy emprendieron una cruzada feroz que ya no titubean en llamar “la refundación de Europa”. Barajan varias posibilidades para solidarizarse con los países en riesgo sin afectar sus propias economías, sobre todo Alemania, que lidera el motor económico europeo y tiene las cuentas en regla. Se reunieron en París para acordar medidas, las anunciaron urbi et orbe y hoy recibieron un palazo de la agencia de calificación de riesgos financieros, la famosa Standard & Poor’s (S&P) que amenaza con rebajar la calificación de 15 países de la zona Euro desde el codiciado puesto de AAA (que tiene, por ejemplo Alemania por su economía impecable) a quién sabe qué notas de dudosa pulcritud para mercados tan sensibles como histéricos.

La cosa está difícil y empantanada. El gobierno de Italia (con una ministra casi al borde de las lágrimas anunciando que Italia se hunde...) siegue anunciando recortes, la tasa de desempleo (paro) en España sigue trepando como si no hubiese alcanzado ya las altas cumbres y el apunamiento es notorio. Sólo dos macroregiones resisten con daños menores en este mundo globalizado: el este asiático y Latinoamérica. ¿Será que al fin nos tocó ganar en la tómbola financiera? ¿O los acuerdos conseguidos por nuestros gobiernos ha solidificado una zona que aprendió a protegerse a fuerza de sostener temblores ajenos?



Alejandro Bovino Maciel, 6 diciembre 2011.