jueves, 3 de mayo de 2012


FERIA DEL LIBRO / INFORME DEL CELS






Con una masiva respuesta de público de toda edad y procedencia se viene desarrollando una nueva edición de la Feria Internacional del Libro del Autor al Lector. Por fortuna, los autores/as correntinos desde el año pasado tienen un magnífico vitral donde están casi todas las obras y todos nuestros autores, en el stand de Leonardo Moglia. Parece increíble que esta iniciativa absolutamente privada como es la empresa de Moglia haya crecido a tal punto que hoy por hoy representa lo más serio y sólido que tiene la literatura correntina para llevar la voz de sus autores a todos los puntos del país donde se los convoque. Mis amigos liberales estarán diciendo “el pez por la boca cae” ya que estoy reconociendo que un emprendimiento privado haya abierto esta iniciativa. No nos equivoquemos. Que un Estado ausente deba ser llenado de alguna manera no justifica esa ausencia. Vuelvo a recordar que en 1986 se promulgó una ley para crear el Fondo Editorial de la Provincia de Corrientes, ley que nunca se cumplió en los hechos porque el Estado provincial ni siquiera acostumbra cumplir con su palabra, ya que las leyes no son más que la expresión verbal escrita de las decisiones de gobierno.
Cuando yo vivía en Corrientes las posibilidades de editar un libro eran casi nulas. De hecho, no había editorial alguna, solamente algunas gráficas e imprentas que se limitaban a imprimir ejemplares a un alto costo, libros que invariablemente terminaban arrumbados en algún armario porque es bien sabido que los autores casi nada sabemos de comercialización y otras cuestiones afines.
Afortunadamente hoy tenemos el stand de Moglia que tiene un gran rótulo donde avisa “Libros correntinos”. Y una gran circulación de gente entra, revisa textos, consulta autores, ventila constantemente este espacio donde se respira las palabras que correntinos y correntinas supimos escribir para que el tiempo no las borrara, como tampoco pudieron borrar los siglos de cultura que viene acumulando pacientemente la humanidad y sirven para caminar hacia el futuro sin tinieblas.

El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) acaba de presentar su informe anual donde apunta con datos y estadísticas los avances en políticas de DDHH del último año de ejercicio. Si algo debemos reconocer sin ápice de dudas a este actual gobierno nacional, es su política en defensa de los DDHH. Y valga una aclaración por un error que frecuentemente se lee en las redes sociales. Cuando ocurre algún acto de violencia en el que asesinan a una persona airadas voces reclaman los DDHH. 
Sólo se debe invocar a DDHH cuando es el Estado quien roba, asesina, mata, ejecuta, encarcela a los ciudadanos sin derecho a legítima defensa en juicio. ¿Se comprende? Por tanto, invocar los DDHH cuando en una banda de forajidos secuestra y mata a una víctima, es un error. Eso es un delito común, detestable, criminal y mafioso muchas veces, pero nada tiene que ver el gobierno en estos casos. La inseguridad, por desgracia, hizo su nido en Latinoamérica de la mano de las ingentes políticas liberales de los ’90 cuando los campos se deshabitaron, se cerraron fábricas y empezó un cruel hacinamiento en los márgenes de las grandes y medianas ciudades, receptoras de masas de migrantes sin preparación profesional ni oficios para desempeñarse con soltura laboral en las ciudades. 
Basta observar el paisaje urbano para detectar el crecimiento casi exponencial de esta gente abandonada de todos, menos del hambre y la miseria que son los peores consejeros. Por eso las políticas de distribución de la riqueza dividen tanto las aguas, los liberales piensan que no están obligados a dar su limosna como impuestos para mejorar la situación de quienes nada tienen. Así piensa, por ejemplo, el actual gobierno de España que está recortando presupuesto en salud y educación y pueden leer sus resultados en los periódicos. Las tendencias más solidarias piensan que esta gente debe ser integrada a la vida social por medio de la preparación y la educación. No sé qué pensará usted.

Alebovino, 3 mayo 2012.  

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