viernes, 2 de mayo de 2008
LA VACA EN LA LLUVIA
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La Vaca, la Vaca
Juega a las barajas.
La lluvia, la lluvia
Cae rubia y turbia.
La Vaca murmura
Su canción de cuna.
“Duérmete ternero
Hasta el seis de enero
Que vendrán los Reyes
Si no tienen fiebre”.
La lluvia de ayer
Deja de caer.
La del mes que viene
Pasa por un peine,
Se lleva el jabón
Con ella, al Japón.
La Vaca, la Vaca
Dice que está flaca.
Un fardo de heno
Le cae indigesto.
El hijo-Ternero
Nunca tiene sueño.
Se pasa las noches
Haciendo fantoches
Asusta a la Luna
Que es sola y es una.
Que si fueran dos
Tendrían razón.
Pero es una sola
Y llueve y se moja
Con mucha congoja.
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viernes, 25 de abril de 2008
LA ANGUILA QUE FUE A SEVILLA
alejandro maciel
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Con mucha sed nadó la Anguila
Hasta la plaza de Sevilla.
“Voy a los toros, hasta Sevilla”
-¡Qué maravilla, qué maravilla!
Un corcel negro la Anguila ensilla
Para ir al galope hasta Sevilla.
Toma un camino torcido y bajo
Y llega a las orillas del Tajo.
¡Cuánto trabajo, cuánto trabajo!
Venir de lejos y llegar al Tajo.
¿Qué hace una Anguila sola en Toledo
Con un caballo muerto de miedo?
Calza un vestido de ceremonias,
Usa peineta, mantón y joyas.
Va engalanada cantando saetas:
Una que dice: “voy a una fiesta”
Nadie la mira que está tan flaca
Ni las gitanas ni las mofetas.
Come estofado en la bella Jaén
Con un cuchillo y una sartén.
Córdoba mora la mira mareada.
¿Vas a Sevilla? Ve acompañada.
Ella zambulle en el Guadalquivir
Y canta jondo “Esto es vivir”
Llega a Sevilla
Y usa sombrilla.
Sólo se sienta,
Sola en su silla.
El sol le brilla
Y está en Sevilla.
domingo, 30 de marzo de 2008
ÁNGELES DE LA GUARDA POLÍTICOS
DULCE COMPAÑÍA
VÉ A MI FUNCIONARIO,
SÉ SU POLICÍA...
(copla popular andina, modificada)_______________________
La idea es más bien simple: ¿recuerdan para qué se usaba el Ángel de la Guarda en teología o catecismo católico?
Era un ser invisible que conocía aún nuestros pensamientos y nos preservaba del mal. Como todos/as sabemos el hombre es bueno por naturaleza pero hay que ayudarlo a ser mejor.
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La democracia ha consagrado mecanismos para transparentar la función pública del Estado, creo que algunos de estos resortes no los usamos, están un poco oxidados o cayeron en el olvido. Los escritores tenemos alguna responsabilidad social que no consiste en escribir, difundir o firmar panfletos. O sí, pero además propongo que formemos un equipo de 30 escritores/as/poetas, narradores/as, dramaturgos/as, ensayistas argentinos/as.
Por alguna razón, aunque no seamos impolutos, tenemos más crédito en el banco de la gente que los periodistas de los grandes medios de quienes sospechamos cosas (hasta insólitas) en el manejo de la información.
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Estos 30 pasarán a adoptar cada uno a algún funcionario/a público e irá dando a conocer información previamente chequeada acerca de la gestión de su funcionario/a adoptivo. Será pues, este escritora, esta fina poeta, este narrador el "Ángel de la Guarda" de un ministro, por ejemplo.
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Consultaremos con la misma oficina del funcionario, que nos suministre informacion pero también consultaremos datos de la oposición cuando haga alguna denuncia de nuestro "adoptivo/a".
Toda la información fiable irá a una web ad-hoc. Todo el mundo podrá acceder a esa información que obtuvimos de distintas fuentes, incluyendo las judiciales.
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"El pueblo debe saber de qué se trata"
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Cuando se plantee un conflicto que huela a corrupción, y aquí viene nuestra honestidad, más allá de nuestra intuición debemos comprometernos a publicar todos los datos que abonen o depongan la sospecha. Esta neutralidad dentro de nuestras limitaciones nos hará creíbles y fomentará la continuidad de este sistema.
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Ni amar ni odiar al prójimo/a que custodiaremos. Es más, los/las voluntarios nos reuniremos una tarde y en un acto frente a escribano se asignará por sorteo el listado de funcionarios a los futuros ángeles de la guarda. Por ejemplo, a la poeta 'María Gómez' el azar le asigna ser Ángel de la Guarda del Ministro de Planificación.
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Por favor, vayan acercando más ideas:
talomac@gmail.com/
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Alejandro Maciel.Tel: 4981 1791 (Capital Federal)
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domingo, 2 de marzo de 2008
La Comadreja, la Reina, Madame, Único Gato y el Antipapa

A ver si lo comprendemos. Hay una Reina perdida, hay una Madame muy burguesa, un gato que por carencia se hace llamar Único, un Antipapa, dos Baobabs,un Gallo de Houdan,una Comadreja Rosilla vetusta..mucha gente extraña hablando de política y metafísica como si fuese la charla en un bar.quédese, no se arrepentirá.
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.el reino del espíritu.....
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A medida que cruzaba la noche, la Luna se hacía más lechosa y pálida. Menos mal que los aromas nocturnos a hierbas salvajes iban endulzando la caminata. Nadie sentía cansancio. Todas las estrellas indicaban la lejanía pero ninguna servía para señalar la frontera de la inmensidad.
Unico Gato pensó en un astro refulgente como un diamante que fuera el hito para decir ‘non plus ultra’, ó ‘aquí se termina el espacio: más allá no hay nada’, trató de imaginarse la nada que estuviera más allá pero siempre se le ocurría algo ocupando un sitio y esta idea insana no se detenía. Volvió a concentrarse (un maestro zen le había enseñado a Madame que todo era cuestión de persuadir a la mente, por medio de la voluntad, hasta dar con la clave de lo que no es) pero de nuevo su nada era siempre algo y todo lo que consiguió fue imaginarse un color negro sin contenidos.
Formuló mentalmente esta conclusión: ‘La nada es negra’. Aunque al instante tuvo que desecharla, considerando que el negro ya es algo.
Se desconcentró cuando una voz desconocida llamó su atención. Todos quedaron en silencio y entonces la conversación que mantenían dos gigantescos Baobabs, se pudo escuchar nítidamente:
-¡Ya te decía que son cangrejos! sostenía el que estaba a la izquierda .
El enigma era saber por dónde hablaba, ya que entre el tronco y la fronda no se divisaban ojos, boca ni indicios de nariz. Sin embargo, cada vez que aparecía la voz, el inmenso árbol se sacudía de cabo a rabo.
-¡Que no! ¡Te digo que son hipocampos! Aunque hay que reconocer que lo disimulan muy bien; hasta se diría que parecen cow-boys.
-¿Y si fueran cow-boys disfrazados de hipocampos?
No, que son hipocampos. Yo los he visto en un documental de la T.V. y son..viscosos, así como éstos que se aproximan -aseveró el el Baobab de la derecha que tampoco lucía boca, ojos ni lengua y sin embargo articulaba las palabras con perfección.
-¡Jamás podrían ser hipocampos! ¡Estamos fuera del océano! -reclamó el de la izquierda.
-¡Serán unos hipocampos extra-marinos!
-¡Son cangrejos ermitaños!
-¡Basta de discusión! -terminó diciendo el de la derecha- ¿Por qué no le preguntamos a ellos qué son?
-Eso, -el de la izquierda usó un tono sospechoso para decirlo- suponiendo que ellos mismos sepan qué son.
-Todos sabemos qué somos -aseguró su vecino.
-Conmigo no pasa lo mismo -advirtió el otro Baobab-. Yo sólo sé qué no soy. No soy un batracio. Tampoco soy una forma de mineral. Ni un fenómeno atmosférico. Me costó mucho constatar cada una de estas cosas. Para saber que no era un pulpo hice este cálculo: los pulpos no asisten a fiestas donde se disfruta el jazz. A mí me gustan las fiestas aunque nunca fuí a una. Adoro el jazz. Luego, no soy un pulpo. En otros tiempos estaba casi convencido de ser un verdadero pulpo gigante. Un pulpón. Pero tenía dos argumentos en contra: las fiestas y el jazz; no obstante igual, yo mismo me decía: hoy te alimentarás exclusivamente de almejas. Llegué a odiar las almejas y los mejillones. Y en mis ramas cantaban los pájaros. Eso tampoco encajaba con la idea de la pulpidad. Es sabido que los pájaros submarinos no cantan. Son mudos.
Yo soy un Baobab y ellos son todos unos hipocampos supra-marinos.
-¿Qué tipo de crustáceos sois? -indagó amablemente el Baobab de la izquierda dirigiéndose a ellos.
-Nosotros...-empezó contestando la Reina- no somos...
-¡No son baobabs! -se apresuró a decir el de la derecha- eso se nota a simple vista. Ella dijo ‘no somos...’; estoy a punto de pensar que tu observación es razonable. Parece que casi todos saben qué no son y muy pocos saben qué son.
-¡Conócete a tí mismo! ordenaba el tal Sócrates porque sabía que eso nunca se sabe. Y aún esos pocos que están convencidos, sólo creen saber qué son -declaró el de la izquierda poniendo suspicacia en las certidumbres de su vecino-. Confieso que me gustaría fumar.¿Alguien tiene cigarrillos negros?
Cuando todo estaba quedando umbroso, la Luna manoteó un almácigo de nubes grises y devolvió el blanco resplandor al espacio. Los arbolones quedaron mudos un instante y cuando Su Alteza Real se disponía a explicar que no era ningún crustáceo, el de la izquierda volvió a mecerse para alertar:
-¡ Son heterogéneos ! -observó- ¡No se parecen entre sí! Pero la mayoría son cangrejos.
-¿Qué te hace pensar eso?
-La forma de mirar. Son típicas miradas de cangrejos.
-Sin embargo, no tosen.
-¿Qué tipo de religión profesarán?
-¡No son una secta! Estoy a punto de convencerme de algo -dijo el Baobab de la derecha-: su reunión obedece a motivos políticos.
-¿Qué te falta para estar totalmente convencido? -quiso saber su lindero de la izquierda.
-Antes debería consultar con el Antipapa. Él detecta un político a varias millas de distancia. Sospecho que usa el olfato. ¿Qué tal si le hiciéramos algunas preguntas?
-¿Por qué andáis todos juntos siendo cangrejos tan variados -preguntó el de la izquierda.
La Reina estaba enojada y ceñuda, Único seguía absorto en lo que él mismo dio en llamar la nadidad , de manera que el Teniente Coronel (RE) creyó su deber contestar:
-Somos un grupo de acción para la defensa de una causa justa -tuvo que engordar un poco la voz para darle el contenido ampuloso que pretendía.
-¿Causa? -quiso saber el Baobab de la izquierda. ¿Acaso sois peripatéticos ? ¿Habláis todavía de causa formal y causa material como en los tiempos del Estagirita?
-No -atajó el de la derecha-. Insisto en que son hipocampos aunque estén de paseo.
-¿Cuál es esa causa eficiente de la que habláis?
-¿Estáis obligados a compartir o vuestra unión es libre ?
-¡Son voluntarios! -gritó el de la izquierda-. Todos los cangrejos se reclutan espontáneamente por cualquier razón. Es una costumbre antipática que tienen. Eso, y estar formados de partes hace que los cangrejos sean seres tan peculiares.
-Todos estamos formados de partes -intervino con voz calma Único Gato.
-A ver -dudaba el Baobab de la derecha-, enséñenos cuáles son sus partes.
-Todos los compuestos provienen de partes más simples -aseguró serenamente el Gato- de otro modo tendrían que provenir de la nada y eso es absurdo, porque ‘de la nada, sólo nada’. No se puede esperar otra cosa de la nada.
-Hablando de esperar.... -pareció recordar de pronto el Baobab de la izquierda, y dirigiéndose al de la derecha le dijo-: ¿Me darías un poco de tiempo?
-¿Disponéis de un poco de tiempo? -les preguntó el de la derecha, con voz dulce.
-Sólo unos minutos -bramó Su Alteza Real que estaba visiblemente enojada y se manteníe enhiesta, con los brazos cruzados.
-Oh, muchas gracias. Serán suficientes -la voz del Baobab se enternecía para agradecer.
Quedaron callados unos instantes hasta que uno de ellos nuevamente habló:
-¿En qué podríamos invertir esos pocos minutos ?
-¡Podríamos contarlos!
-Pero también podríamos devolvérselos, como una atención.
-Podríamos preguntarles por qué están asociados ya que son tan heterogéneos y para colmo, dicen que están formados de partes.
-¿No serán el rompecabezas que nos prometió el Antipapa? ¿Cómo no se me ocurrió antes? ¡Sois un puzzle!
-¡Nada de eso! -dijo un poco alterado el Teniente Coronel ante la mirada afligida de Madame quien ya sentía la amenaza de la descomposición-. Somos valientes y estamos unidos por una causa.
-¡Eso ya lo dijo! .¿Cuál es esa causa eficiente?
-La causa eficiente de la sociedad es la autoridad -el Teniente insufló poder a su sentencia.
-¿Estáis aquí por orden de la autoridad? -se estremeció al preguntar el Baobab como si se resistiese a creer tal sospecha.
-Nosotros no obedecemos a nadie -se apuró a explicar el otro árbol poniendo algo de clemencia en su tono de voz-. No podríamos. Suponiendo que alguien nos dijera ‘avancen por el frente’. ¡No sería posible cumplir! Estamos impedidos de obedecer, por eso tampoco damos órdenes. Es la desventaja que tienen los semovientes que necesitan constantemente alguien que organice su marcha.
-¿Y quién les ha dado la orden de reunirse siendo tan diversos? -preguntó con indulgencia el de la izquierda.
-¡Se acerca el Antipapa! ¡Se acerca Su Antisantidad! -dijo agitándose el Baobab de la derecha.
En efecto, los arneses de un carruaje hecho como de plata venían tintineando al rítmico paso de dos toros fornidos que al resoplar rociaban una neblina azulada. Sobre el pescante dormía un cochero con una pica izada como un mástil entre las manos cruzadas. Su vestimenta de color punzó resaltaba bajo la luz de las cuatro farolas de gas que coronaban las esquinas de la calesa.
-¿Antipapa? -dijo algo consternada Madame, que era muy observadora de los preceptos religiosos y eso de antipapa le sonaba a cosa deleznable.
El Teniente Coronel (R.E.) también se intrigó y decidió intervenir para averiguar si:
-¿No estarán hablando del Cisma de Avigñón?
Los dos Baobabs empezaron a sacudirse de risa y los pájaros que alojaban salieron disparados hacia los cuatro vientos. Todavía se escuchaban sus quejas cuando el Antipapa descendió de su carroza labrada en plata y bronce, para saludarlos:
-Dios esté con vosotros.
Madame, no sabiendo si arrodillarse o besar el anillo o repudiar al sujeto que se presentaba, optó por ser política y dejó escapar un suave:
-Gracias.
-¿Qué es eso de ser Antipapa ? -indagó con voz firme , un poco recriminatoria, la Comadreja Rosilla. Algún “chuic, chuic” que se dejaba colar entre sus palabras sugería que al mismo tiempo estaba masticando algo.
-¿Hubo un nuevo cisma acaso? -alarmado, el Teniente Coronel miraba fijamente al Antipapa que lucía como un hombrecillo ya consumido por la edad, gacho, lerdo en sus movimientos y hablar suave. Vestía hábitos blancos, faja satinada y una corta capa pluvial de apariencia sedosa. Apenas podía sostener sobre su cabeza canosa la triple tiara pontificia.. Al caminar, arrastraba los pies como si cargara un peso tan grande como una cruz.
-¡Oh, no! Eso....fue hace tiempo..ya.no hay divisiones en la Iglesia. Yo soy el Antipapa verdadero.
-¿La antítesis de la verdad? -intervino Único parpadeando con sensual impavidez.
-¡Ellos están formados de partes y no saben cómo se hacen las cosas en el cielo! -fue lo que opinó alegremente uno de los Baobabs cuando los pájaros inquilinos empezaron a volver recriminando los ruidos molestos en lo profundo del anochecer.
-Verán, -el Antipapa empezaba a explicar su situación anti- han de saber que para cada cosa el Señor copia de su propia perfección tres atributos... tres cualidades ... por ejemplo...
-¿Qué copia para hacer un Papa? -el Gallo de Houdan quiso dar un sentido práctico , casi matemático, al teorema antipapal.
-Fe, Fidelidad y Perserverancia: un Papa jamás puede renunciar. Estas tres virtudes o cualidades son formas divinas que encarnan en la materia mundana. Para que se distribuya en forma uniforme, las fuerzas necesitan equilibrio. Por eso, el Señor hace una copia en materia y otra en vacío....que algunos llaman antimateria. La copia corporal baja a la Tierra, mientras la copia virtual queda como testimonio allá. Si hace un árbol ya sabemos que allá -dijo alzando el índice hacia el cielo estrellado- está su gemelo, el antiárbol.
-A ver si entiendo -apareció el Pombero muy rubio porque se había quitado el sombrerote en señal de respeto- ¿Usted vendría a ser el par del Papa?
-Exacto.
-¿No debería estar allá? -recriminó la Reina, toda altiva mirando el firmamento.
-A veces la duplicación se deja ver aunque no esté presente, como en mi caso. Y no se preocupe -dijo dulcemente el Antipapa dirigiéndose a la Reina-: Yo estoy allá, sólo que usted me ve acá.
-Mis ojos están acá -aseguró Su Majestad- muy enojada porque no admitía que alguien anduviera dividiéndola, por antipapa que fuere.
-¿Cómo puede ser?, -se preocupaba Madame tirando del ruedo real para reclamar atención- ¿acaso El es una ilusión ? ¿Dónde está mi anti~yo entonces?
-Hay que ver -la voz melodiosa y atenuada del Antipapa exigía mucha atención- dónde incide la forma. Los números sólo son formas y aunque usted no los vea, sabe qué son y cuánto vale cada uno. No necesita ver un 2 para saber que es un par. Los ojos pueden crear un mundo de cosas que no tienen materia. Un mundo de recuerdos. Una especie de arquitectura hecha con la memoria de visiones anteriores. La mente también fabrica mundos hechos de ideas.. Después que los crea, cree haberlos visto. Lo difícil es saber qué es lo real entre tanta confusión de imágenes.
-¿Qué pasaría si se encontraran el Papa y usted? -instigó con tono inquisitivo el huidizo Vivaldi.
-¡Una catástofe! Toda vez que chocan la materia y el vacío, se anulan mutuamente. Los dos desapareceríamos como si fuésemos pompas de jabón , disueltos en la nada.
Madame sufrió una crisis de congoja súbita. Una fuerza atenazadora le retorcía la tráquea. Nunca había podido aceptar la idea de la muerte y esta implosión de cuerpos que se disipan se le antojaba como una amenaza peor y más vil que la muerte gradual.
-Pero ¡sobreviría su espíritu! -se le ocurrió exclamar como salvación.
-¿Espíritu? -se inquietó el anciano girando la cabeza hacia donde estaba Madame para mirarla fijamente a los ojos-. No hay nada de eso. Es una larga historia que inventó nuestra sed de inmortalidad. Sólo somos forma encarnada en la materia. Cuando la materia se descompone, se pierde la forma y allí terminó todo definitivamente. Créame que eso es mucho mejor que la eternidad donde nada sucede y el tiempo se transforma en la trampa donde Dios mismo está encerrado.
-Entonces... finalmente, -advirtió muy lúcido Único- ¿Usted cree en Dios?
El Antipapa sonrió de un modo triste. Hizo una pausa abrochando los botoncillos de su capa y de un modo distraído respondió:
-Le dejo a Él, que es perfecto, la tarea de creer en mí ya que yo, que soy muy deficiente, tengo problemas para creer en Él. Créame que me cuesta mucho trabajo y con todo, no alcanzo. La duda es un poco más grande que el espíritu.
-¿Tendrías un poco de espíritu para prestarme? -se burlaba uno de los Baobabs dirigiéndose al otro.
-Tenía un poco en el bolsillo, pero se lo regalé a ella y ahora estoy desalmado mientras ella reboza de espiritualidad -contestó el Baobab en clara alusión a Madame y retorciéndose de risa. El Antipapa subió serenamente en su carroza ayudado por Unico y el Gallo de Houdan. Hizo una señal para despedirse y todos pudieron percibir cierta tristeza en sus ojos que parecían cansados y lánguidos.
Los Baobabs se habían quedado quietos y en silencio mientras el carruaje partía hasta que la distancia y la penumbra lo fueron convirtiendo en la sombra de un sueño. La compañía decidió continuar la caminata, un poco consternados.
ALEJANDRO MACIEL, de "El reino del espíritu"(Continuará...)
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Alejandro Maciel, Corrientes, Argentina.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
CULPA DE LOS MUERTOS

Culpa de los muertos se inscribe en la larga tradición de la escritura de la violencia en América Latina. Desde los cantares tristes de los poetas nahuas postcortesianos, los cuicapicque, recopilados en la Visión de los vencidos por el antropólogo e historiador Miguel León Portilla, que se interrogan "¿Adónde vamos?, ¡Oh amigos!..." y constatan abatidos lo acontecido en la conquista: "Y todo esto pasó con nosotros. / Nosotros lo vimos, / nosotros lo admiramos. Con esta lamentosa y triste suerte / nos vimos angustiados", hasta la novela de la dictadura y del exilio, o las diversas escrituras confesionales, la palabra procura representar y así preservar en la memoria cultural el desgarramiento individual y generacional de la violencia política del continente. La literatura de la violencia tiene la tarea de "ponerle palabras hasta lo innombrable," según nos dice el "Personaje" de Culpa de los muertos, mientras se recuerda "con dolor", para parafrasear a Alejandro, el narrador autor, es decir, mientras se hace el trabajo del duelo.
El relato de Alejandro Maciel envuelve al lector en un torbellino de voces que lo incitan a reconstruir un mundo narrativo que oscila entre la evocación de los setenta y la Argentina postcrisis del nuevo milenio. El principio dialógico que rige la novela lleva al lector a cotejar las conversaciones intergeneracionales entre Alex, el narrador, y un joven argentino recién vuelto al país y entre el narrador y su sobrina. Conversaciones que, a su vez, enmarcan otras como la de los amigos desaparecidos en la represión de Corrientes, el pensamiento de un torturador y sus conversaciones con un cura involucrado con el aparato represor, así como las pláticas del personaje y el autor que cuestionan la misma razón de ser de la escritura. De esta manera, Culpa de los muertos no escribe solamente sobre la violencia sino que cuestiona tanto la función de la escritura como la propia escritura de la violencia, es decir, las posibilidades de toda representación del terror. En las charlas tituladas "Sabotajes del personaje al autor," el "Personaje" se rebela e irreverentemente denuncia el mundo caótico que construye la escritura; el autor lo rechaza explicando que con sus intervenciones "Cada vez que aparece, desaparece para el lector" y así hace hincapié en el papel asignado a una lectura comprometida en la novela.
La gran vía de acceso a Culpa de los muertos es un poderoso estilo cuya garra y finura atrapan al lector en "Todos los excesos" de su escritura. Los retruécanos, las citas de versos y canciones, los juegos con la sintaxis y la puntuación, el ritmo exaltado que capta la aguda percepción del entorno de los personajes, el lenguaje de la literatura infantil de la fábula que el narrador le destina a su sobrina por las noches son, entre otros, algunos de los elementos que seducen y sumen al lector en la configuración imaginaria del mundo de la novela .
Culpa de los muertos es también una vía de acceso descentrada a los setenta. La provincia de Corrientes es el centro de un relato que frecuentemente se narra desde el centro cultural y político de las naciones latinoamericanas, del lugar desde donde se irradia el poder de los aparatos del estado. Desde esta perspectiva de las márgenes, los grandes temas de la amistad, la historia, la memoria, la política y la violencia cobran una dimensión inusitada en una escritura consciente del lugar de su confesión y evidente en un implícito doble duelo por un tiempo y un espacio perdidos evocados desde el recuerdo en la ensimismada ciudad de Buenos Aires. No obstante, la evocación del pasado rebasa, como en la mejor tradición literaria, su inscripción magistral en la biblioteca sombría de la representación de la violencia y apela al poder desmitificador del humor y la risa. Culpa de los muertos encierra de esta manera las llaves del placer de la lectura.
Jorge Carlos Guerrero
University of Ottawa
jueves, 22 de noviembre de 2007
PALABRAS ESCRITAS Nº 4 (SERVILIBRO)

Este número cuenta con poesías:
Rodrigo Petronio, Lucila Nogueira, Marco Luchesi, Floriano Martins, Geraldo Neres, Mariana Ianelli, Sérgio Cohn (Br) . Roberto Alifano (Arg) . Norma Segades Manías (Arg) . Pepa Kostianovsky (Py).
Cuentos de: Saúl Álvarez Lara (Col) . Amanda Pedrozo y Luis Hernáez (Py) . Marta Ortiz (Arg)
Artículos y estudios de: Alain Sicard (Fr) . Alejandro Maciel (Arg) . Salma Ferraz (Br) . Jorge Carlos Guerrero (Can) . Carolina Orlando (Arg) . Domingo Aguilera (Py) . Fanny Trainer (Arg) . Juan Carlos Piñeyro (Sue) . Bruno Lopez Pezoldt (Py) . Teódulo Lopez Meléndez (Ven) . José Vicente Peiró (Esp) . Jorge Isaías (Arg) .
Para consultar números anteriores de la publicación:
http://nirepalabrasescritas.blogspot.com/
Envío de colaboraciones: talomac@gmail.com
Las ilustraciones y fotos de tapa e interiores son de Miguel Pencieri. Diagramación de Bertha Jerusevich. Edita Servilibro. Directora Editorial: Vidalia Sánchez.
viernes, 26 de octubre de 2007
ANATOMÍA DE LA MUERTE: la autopsia.
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(O de cómo se hace una autopsia decente a la gente...)
Nota: si es usted extremadamente sensible, necrofóbico/a o le impresiona fácilmente la sangre, le recomiendo que de vuelta la página y lea el siguiente artículo, muy interesante por cierto...
Gente minada por el virus de la curiosidad insana me ha interpelado por allí. Tras la lectura de las notas sobre la autopsia de Napoleón, quieren saber qué es una autopsia, cómo se hace normalmente, (como si alguna normalidad rondara en eso de andar trucidando cadáveres; ¡vaya concepto de la normalidad que tienen nuestros vecinos!), qué tiene que ver esto con las pericias jurídicas y otros enigmas similares. Sospecho que la misma curiosidad morbosa me instigó en otros tiempos a seguir la Anatomía Patológica como especialización médica. Alguna necrofilia encubierta andará fisgando; esos rasgos recónditos son como los baúles del desván de nuestra personalidad, son los que mueven secretamente los resortes de nuestra voluntad y, víctimas al fin, caemos como el Cristo hasta tres veces en el mismo camino aunque sin cruz a cuestas. Antes que nada debo decirles que no cualquiera puede darse el lujo de ser necropsiado. "Necropsia" es más correcto que el vulgar término "autopsia"porque
Primero, es mi deber aclararle que para ser necropsiado antes usted debe hacer el favor de morirse; de otro modo sería un crimen, y aunque algunos cirujanos titulados lo frecuenten, no basta para convertirlo en un respetable acto científico como es la necropsia. Segundo, la comunidad médica debe abrigar dudas acerca de la causa de su deceso. Si ha sufrido un accidente, si falleció de una muerte esperada(aunque siempre inoportuna) o todos saben por qué usted terminó feneciendo, no puede ser necropsiado. Las llamadas "autopsias forenses" son un remedo sin remedio de la verdadera necropsia; los peritos se conforman con escarbar en la parte del cuerpo donde se alojó el proyectil hasta extraerlo, como gustan decir. Que es como suponer que los proyectiles, víctimas de la falta de planificación urbana no tienen más remedio que mudarse a su pulmón o hígado para causarle quebrantos en el vecindario.Las autopsias forenses son a las verdaderas necropsias como la manzanita con agua mineral a una cena suculenta en un restaurante de 4 tenedores para arriba.
Tercero, para ser necropsiado usted debe contar con un verdadero patólogo de vocación, un abnegado híbrido entre el galeno y el embalsamador de pompas fúnebres dispuesto a realizar un trabajo que no cualquiera lo hace con arte y encanto. He llegado a conocer verdaderos carniceros con menos industria que Jack el Destripador hurgando en el abdomen de un prójimo que para colmo de males, no se puede defender. Se empieza por tender al interfecto (muerto o muerta) acostado boca arriba como dicen en la campaña, sobre una mesa de aluminio en posición anatómica y antes que se inicie el rigo mortis, que no es más que el endurecimiento muscular que algunos fisiólogos atribuyen a sustancias químicas pero que los antiguos (que de esto sabían) adjudican al pavor que ocasiona al alma el cruce de la laguna Estigia. Estando en esta posición, se hace un corte con un cuchillo (el bisturí se usa para las cirugías; mi querida señora, en este caso ya no hacen falta sutilezas...) desde el mentón al pubis rasgando la piel que sisea como si se desgarrara el tapiz de su sofá. Le aclaro que sangra muy poco: los muertos tienen sus atenciones, no son como los vivos y mucho menos como los avivados. Abierto el cuerpo de esta manera, queda expuesta la parrilla de costillas verdaderas y falsas; sí mi querida señora, en el cuerpo tenemos elementos falsos, cómo sorprendernos que en el alma abunden.... que con una cizalla iremos cortando para dejar al descubierto el corazón y los pulmones. Inmediatamente, se extrae el corazón con todos los sentimientos y rencores todavía tibios recortando como quien poda las cuatro venas pulmonares, la aorta, las dos venas cavas y todo cuanto lo mantenga anclado al pecho. Después, con un golpe seco guillotinamos la tráquea liberando a los pulmones de su celda en el tórax. Recortamos el músculo del diafragma que es como la cúpula de un panteón que separa el pecho del abdomen. Después vamos de nuevo al mentón a recortar la base de la boca para desprender la lengua con todos sus vituperios a cuestas, que se va separando arrastrando el esófago, el estómago que le sigue, el duodeno y los siete metros de intestino delgado con los tres cólones hasta llegar rectoo al recto, que de nuevo amputamos y de este modo podemos apartar toda la masa de vísceras abdominales en una bandeja ad hoc. Luego, nos resta separar el fornido hígado, cuyo tamaño ya nos sugiere qué cantidad de bebidas alcohólicas pasaba por allí normalmente, el inocente bazo de quien estoy seguro usted jamás oyó decir un chisme decente, el tímido páncreas, los dos riñones (suponiendo que no se le haya ocurrido donar uno en vida) que arrastran en su salida a los uréteres y la vejiga. Creo no haber olvidado nada; porque si yo le contara todo lo que he visto olvidarse dentro de los operandos; podríamos llenar el museo que serviría para recordar con omisiones que es mejor olvidar. Desde guantes, tijeras, pinzas erinas, un corpiño... distraídos cirujanos han olvidado hasta sus relojes dentro de las cavidades humanas.
Pero no sigamos difamando al gremio. Continuemos con nuestra necropsia. Ya desiertos tórax y abdomen, pasamos a recortar el cuero cabelludo en redondel quitando el casquete como quien arranca una peluca.Con una sierra eléctrica horadamos la huesa del cráneo en forma de diadema tratando de no dañar el cerebro. Una vez destapada la cavidad, la casi cesárea craneal, extraemos cerebro y cerebelo seccionando el bulbo raquídeo.Está de más decir que nos quedamos con todas las vísceras. Mientras un ayudante vuelve a cerrar lo abierto, a coser lo recortado y obturar lo desopilado, nosotros vamos separando las vísceras y abriendo los tubos o bolsas para ver el interior. La manguera del esófago, una vez abierta, deja ver el brillante interior tapizado por el epitelio. También el estómago debe ser cuidadosamente espiado: ya han visto toda la información que ofreció sobre el finado Napoleón y su úlcera en la curvatura menor. Abrir los sietemetros de intestino delgado y los dos de intestino grueso puede revelarnos desde la existencia de parásitos en forma de gusanos blancos o largas tenias solitarias que acompañaron en vida al difunto, a los temidos cánceres de colon que muchas veces son el casus mortis. De cada pieza se extrae un fragmento, el más dudoso posible, para procesarlo y verlo después con un microscopio. Las vísceras macizas se pesan: el hígado tiene 1.300 a 1.500 gramos, un buen corazón no pesará mucho más de 300 gramos, por nobles que sean los sentimientos del difunto, y el bazo unos 100. Cada una de las vísceras se rebana meticulosamente buscando irregularidades, cambios del aspecto o del color y ante cualquier duda, se recorta un fragmentico para llevarlo al formol y después a la microscopía. Nunca está de más abrir las grandes arterias y sus ramas: se sorprendería de ver cómo abunda la arteriosclerosis de arterias en serie en personas cuyos juicios tomamos absolutamente en serio. También rebanamos finamente cerebro y cerebelo buscando cicatrices de infartos, tumores, deterioros y hasta signos de envenenamiento porque los metales tienen cierta predilección por el tejido nervioso. Todo lo dudoso, se recorta para el microscopio.Ya podemos devolver el cadáver vaciado. La gente necesita funerales y no sería decente de nuestra parte privarlos de una última mirada. Pero las vísceras se quedan con nosotros. Hemos de registrar en un informe sucinto todo cuanto vieron nuestros ojos, pesos, medidas, anomalías, defectos. En una segunda etapa viene el procesamiento del material microscópico. Aumentando unas 1.000 veces el tamaño de un objeto no es de extrañar que hallemos en Liliput lo que no encontramos en la tierra normal de los antepasados. Todas las lesiones infecciosas, tumorales o degenerativas quedan al descubierto bajo la mirada de un ojo multiplicado por 1000.Terminó la sangre, las vísceras y sus enchastres y ha llegado la hora del formol, las acetonas y el tuluol para diluir en parafina los tejidos sospechosos de albergar algún tumor o su colonización, que se llama metástasis. O focos de infección donde se reúnen los gérmenes como en una gran kermesse a maleficio del difunto. Pero lo prodigioso es observar bajo la enfiladas lentes del microscopio cada célula con el tamaño de nuestros dedos. En ese mundo virtual de lentes cóncavos y biconvexos lo infinitamente minúsculo se transforma en la evidencia magnificada de un mapa patológico: la geografía y topografía de las enfermedades que nos llevan a la tumba.Pero también allí; en ese submundo mórbido acecha la maravilla, donde cada célula vuelve a repetir la imagen del universo, que es la misma imagen del átomo y tal vez la del hombre que está a mitad de camino entre ambos.
Muchas gracias: Alejandro Maciel. Asunción, Paraguay, 2004.
