domingo, 2 de septiembre de 2007

"Palabras Escritas" en la Feria del Libro de Porto Alegre 2007

El NIRE y la revista~libro "Palabras Escritas" en la Feria del Libro de Porto Alegre 2007.

El NIRE (Núcleo de Integración Regional de Escritores) estará presente por primera vez en la Feria del Libro de Porto Alegre los días 4 y 5 de noviembre a través de los escritores Alejandro Maciel (Argentina), Amanda Pedrozo y Luis Hernáez (Paraguay). El día domingo 4 la actividad estará centrada en la presentación de los Nº 4 y 5 de la revista-libro “Palabras Escritas” que se plantea como un “diálogo entre Brasil e Hispanoamérica”. El día 5 se desarrollará un panel sobre estrategias prácticas para el intercambio literario-cultural entre Brasil e Hispanoamérica.


Data: 4/11 às 16h no Arquipélago no Centro Cultural Erico Verissimo
Literatura, Cultura e integração
Participantes: Alejandro Bovino Maciel, Amanda Pedrozo, Luiz Hernáez, Dilan Camargo, Charles Kiefer y Salma Ferraz.(Autores brasileiros, gaúchos envolvidos com o tema proposto)
Presentación de la revista~libro “Palabras Escritas” (300 páginas) Nº 4 y 5.
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Data: 5/11 às 17h na sala O Retrato no Centro Cultural Erico Verissimo
Estratégias práticas e propostas concretas para
o processo de integração em literatura entre Brasil e América Latina.
Participantes: Alejandro Bovino Maciel, Amanda Pedrozo, Luiz Hernáez, Coordenação do Livro do Ministerio da Cultura, Jeferson Assumção , Representante da Câmara Rio Grandense do Livro e Associação Gaúcha dos Escritores.

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Sandra La PortaAssessoria de Programação Feira do Livro Porto Alegre.55 51 32255096Fax 55 51 32864517www.feiradolivro-poa.com.brwww.camaradolivro.com.br

martes, 7 de agosto de 2007

DOM PRÓSPERO BOVINO

"DOM PRÓSPERO BOVINO"

Nueva novela: "Dom Próspero Bovino"

He decidido, al fin, un acercamiento a mi propia historia. El hombre, más que un ser social, es un ser histórico.

Argentina 1910, fastos del Centenario arriba el buque "Forza del Destino" al puerto de Buenos Aires, en él viene una familia de inmigrantes de Potenza. La miseria, la peste, las persecusiones políticas y la promesa de L`América feliz de Eldorado empuja a los prófugos a un nuevo destino trazado entre Montevideo, Concordia y Concepción del Uruguay. La desdicha de "Forza del destino" machaca una y otra vez sobre tres familias signadas por la desgracia de una siesta interminable en el fulgor de la tierra prometida.

Alejandro Bovino.

lunes, 6 de agosto de 2007

NUEVA NOVELA. DOM PRÓSPERO BOVINO

DOM PRÓSPERO BOVINO

Es la nueva novela en la que estoy trabajando: la historia de un inmigrante italiano venido de Potenza que llega en el barco "Forza del Destino" con tres familias al puerto de Buenos Aires a principios del siglo XX con el marco del Centenario, los feudos de la Generación del 80 y la promesa del oro de "L´América". Buenos Aires, Concordia y Concepción del Uruguay serán las patrias de este expatriado de la vieja Europa. Tres familias seguirán una veterana tradición de la Basilicata: no ser felices. La desdicha de esas tres familias son La Forza del Destino, todo enmarcado en la ópera de Verdi.

Alejandro Maciel.

DOM PRÓSPERO BOVINO

DOM PRÓSPERO BOVINO

Nueva novela en la que estoy trabajando; las historia de un inmigrante de Potenza que desembarca en la Argentina de principios de siglo XX con tres familias, desde Concordia a Concepción del Uruguay las miserias y las grandezas de la inmigración del sur italiano en "la América" de la generación del 80. Una historia conocida....

martes, 10 de julio de 2007

पलाब्रस अ ला एतेर्निदाद

¿Cómo एस पोसिब्ले कुए उन डोस इन्मतेरिअल देबा उसर लॉस मनोस परा फक्टुरार एल उनिवेर्सो?, से प्रेगुन्ताबन कों सिएर्ता lógica लोस अनाकोरेतास देवेनिदोस neoplatónicos य अरिस्कोस अ ला आईडिया दे ला creación दिगितल. सं ग्रेगोरियो दे निसा य Agustín दे हिपोना विएरों इं एल देदो दे डोस उन metáfora ओ alegoría देल इन्विसिब्ले, कामो लो विव बेडा एल वेनेराब्ले. सी ट्रेस औदगुस्तोस teólogos कोम्प्रेंडेरों एल मिस्तेरियो इं फोरम दे poesía, डॉस पोएतास कन्विर्तिएरों इं वेर्सोस लॉस तोस्कास देस्क्रिप्किओनेस् दे उन डोस कों देदोस, uñas य मेताकार्पोस मोदेलान्दो एल मुन्दो देस्दे ला नादा. केद्मों इं एल सिग्लो वी य मिल्तों después इं एल लिब्रो वी देल Paraíso पेर्दिदो नोस देस्क्रिबें उन क्रिस्तो कामो मेस्त्रे masón त्रज़ान्दो कों उन ग्रां compás लोस límites एन्त्रे ला लूज़ य लॉस तिनिएब्लास, एन्त्रे एल उनिवेर्सो य ला नादा परा पोब्लार्लो después दे ruiseñores, अकासिअस य alimañas.

domingo, 17 de junio de 2007

EL TANGO Y EL CHAMAMÉ

LA IGUALDAD DEL CAOS: LA ETERNIDAD DEL TANGO
Variedades de la eternidad según la medida que adoptamos, como ya lo sospechaba el finado Protágoras, primer postulante del homo mensura según mis seguimientos. Nunca dejaré de recomendar en este mundo u otro la deliciosa lectura de Diógenes Laercio: “Vida de los filósofos más ilustres de la antigüedad” les juro por mí mismo que disfrutarán el humor que alfombra la lectura de los cruzados pensamientos de los hombres y mujeres más relevantes de la Grecia Clásica.

1) LA INDIGENCIA LITERARIA DEL CHAMAMÉ.

Hemos estado planeando por encima de lo cotidiano. Reconozcamos que no vivimos entre ángeles, metafísicos, ontólogos y teólogos. Nuestro mundo se acomoda más a las trivialidades de una taza de café por las mañanas, el periódico donde se nos puede engañar descaradamente (y conste que pagamos por ello), el trabajo, los domingos por la tarde y las medialunas. Antes de proseguir me gustaría detenerme un momento en la eternidad verbal del tango en contraste con la penuria intelectual de las letras del chamamé que vendría a ser mi identidad geográfica. Nunca alcancé a entender del todo qué es ser correntino y las diferencias intrínsecas que debería exhibir respecto de un afgano, un maorí, un marsellés o un canadiense. Si dejásemos en suspenso fenomenológico el color de la piel, la estatura o el arte culinario poco queda de esa diferencia intrínseca: todos comemos, dormimos, trabajamos para vivir, soñamos y tal vez canturreemos alguna melodía cuando nos sentimos píos o desdichados. Se me opondrá el idioma y allí reconozco que deberíamos detenernos; más allá de los accidentes fonéticos la construcción cultural del idioma delimita y determina el campo semántico que es el continente del universo simbólico; pero entonces, al ser el español mi idioma materno, paterno, el de mi cuñado, tías y parientes en nada debería diferenciarse un correntino de un valenciano, mejicano, dominicano, madrileño o filipino.
Considerando la dimensión del mundo que delimita el lenguaje, quiero recordar una observación que recientemente me vino en sueños. Alguien, entre la bruma de imágenes confusas de una pesadilla me maltrató porque “siendo correntino, escuchaba tangos”. Al despertar, la supuesta traición musical seguía dándome vueltas en la cabeza y como hago siempre en estos casos busco la salida racional para escapar de la prisión de la culpa. ¿Por qué siempre recelé del chamamé, el rasguito doble y el valseado que fueron las músicas que acunaron mi feliz niñez? Me detuve a pensar que salvo excepciones que no hacen sino confirmar la regla, (Teresa Parodi es una de ellas) ¿qué puedo encontrar en el chamamé que proclame y retenga mi débil atención aturdida por el tumor? Repasemos algunas letras de conocidos temas. Una de ellas dice “La vestido celeste todas la llaman y para ella va mi canción” obviamente despierta un nulo interés en mí estas cuestiones cromáticas del vecindario. “En Bañado Norte tengo el rancho que te ofrecí, allí justos los dos, en mi Taragüi, volverá a renacer el cariño que te di”, ahora la ubicación del inmueble parece determinar la felicidad de los enamorados, cosa que me parece estupenda pero en nada me implica, quieran los dioses que sigan felices en cualquier bañado pero honestamente poco me interesan los domicilios de las parejas. Otro tema clásico “en el Puente Pexoa, querida del alma no existe el dolor”. Ignoro qué virtudes analgésicas tendrá el famoso puente pero no conmueve mis sentimientos esta preposición afirmativa de la que por otra parte dudo. Tal vez no exista para el inspirado enamorado pero si alguien con una artritis reumatoidea cruza el Puente Pessoa no creo que deje de sufrir. Por otra parte, según José Carlos, ni jazmineros ni orquídeas en flor, el polvoriento camino rumbo al Puente Pexoa está plagado de malezas y maleantes. Ni el archifamoso Kilómetro 11 se salva de mi iconoclastia correntina. “Sólo hay tristeza y dolor al hallarme lejos de ti, culpable tan solo soy de todo lo que he sufrido por eso es que ahora he venido a implorar tu perdón” es una traducción algo precaria pero que no trastorna del todo el fondo de la misión masoquista que predica el autor. ¿Alguien puede encontrar atractivas estas puerilidades? Tal vez la música se salve a sí misma pero entonces habría que silenciar a los cantantes, lo que no es tan mala idea considerando que uno escuchó alguna vez esos lamentos caninos de las siestas en el programa “Pampa y cielo” que desde su origen traiciona la tradición ya que Corrientes no está en La Pampa. Los letristas del chamamé no parecen haber conocido la poesía y como si fuese en un juego de naipes marcadas, la sortean a cambio de versificaciones visiblemente impostadas como las que acechan detrás del Homenaje a las Malvinas: “la estepa cubre la superficie de este terruño”, nos insta a preguntarnos, ¿entenderá doña Celia, que está sentada bajo un lapacho tomando mate el significado de “estepa”, “terruño” “pendón” y otras bravuconadas de diccionario Peuser que asesta el autor de estos malogrados versos? Cuando se quiere parecer ingenioso, se recurre a terminología rimbombante porque lo desconocido sirve de ocultación. Para decirlo en otros términos, los malos autores se esconden detrás de palabras difíciles lo que difícilmente los salve de ser malos autores. Por alguna razón que ignoro pero convendría indagar, las letras del chamamé (salvo escasa excepciones) no pasan de ser simples descripciones geográficas, rurales o costumbristas. Veamos la letra de Pedro Di Ciervi “El sancosmeño”. “Señores yo soy / el sancosmeño / un hombre formal / a carta cabal / también servicial / y sin interés” ignoro por qué usar ese lenguaje financiero y crediticio para contarnos algo tan intrascendente pero debo reconocer que E. Duarte lo superó con “El mapa de mi Corrientes” especie de cartografía musical a escala: “Qué cosas lindas tiene mi provincia / Corrientes, Caseros, Goya, Curuzú, / Libres, Virasoro, Loreto, Mercedes, / Concepción, San Cosme, Cofre, Yapeyú…” en esta enumeración agota el mapa de Corrientes en una lección de geografía inesperada para una peña. En “El dominguero” Oscar Valles reitera el recurso pero esta vez describiendo minuciosamente la indumentaria del hombre de campo como en una propaganda de los viejos almacenes de ramos generales: “Me voy pal pueblo con mi pilcha dominguera / camisa blanca, bombacha negra, / de alpargatas (sic), faja roja corralera / haciendo juego con mi cinto e`yacaré. / Allí me espera mi guainita enamorada / pollera verde, blusa floreada” y para no seguir martirizando al lector con estas proezas geográficas, textiles y castrenses (demasiados chamamés glorifican nuestras malogradas militadas comparándolas con las campañas de la Independencia) me limito a citar algunos títulos de letras que desaconsejan el resto de la cantata:
1) Quiero casarme con vos. 2) Retorno chamamecero. 3) Quiero calmar mis antojos. 4) Si te digo que no te extraño, te miento. 5) Tenés otro dueño pero igual te quiero. 6) Te deseo mucho y eres mi amiga 7) Te quiero mucho pero no te perdono. ¿No nos recuerdan estas frases los mensajes que nuestros adolescentes envían a través del chat o el celular? ¿No soy igualmente anodinas, simplificadas convencionales y vacías? ¿No suenan a impostura? Con razón don Isaco Abitbol recelaba de las letras y se dedicaba a fondo a la música, igual que don Tránsito, E. Montiel y los grandes fundadores del chamamé. Pocas veces cometieron la imprudencia de hacer lo que sospechaban que no sabrían resolver con la misma solvencia con la que componían sus músicas. Desgraciadamente delegaban el trabajo de escribir en amanuenses alquilados, y es sintomático que poesía y música pocas veces se hayan dado la mano en Corrientes. No he escuchado temas de David Martínez, Gordiola Niella, Odín Fleitas y tantos otros poetas con oficio con música de los grandes maestros. Miro el Brasil y el panorama es totalmente diferente; de hecho, en los bares de Río se juntaban músicos y poetas y de allí nació la bossa nova. Que con palabras simples va más allá de los atuendos, los puentes milagrosos y la toponimia. Plugo a los dioses que ese milagro se produzca de una vez en Corrientes para bien de la música, de la poesía y del pensamiento de la gente que de la trivialización se invite a pensar con profundidad el sitio que ocupa en el universo.
Alejandro Maciel.




LOS TRES MOVIMIENTOS DE LA POESÍA

El escritor naturalmente tiende a reproducir en palabras lo que observa en su mundo; este movimiento natural está siempre en los inicios de la expresión. Analizando una letra de chamamé, cualquiera, no se nos pierde de vista este aspecto descriptivo que predomina en casi todas. “En tus veredas, aromas de azahares que perfumaron mi loca juventud” aquí se reúnen memoria y aroma. “En noches primaverales, al reflejo de la luna dibujada en la laguna, cantaba mis madrigales”, “Cuando en verano el jazminero, vuelca su aroma sobre el jardín”, “Los gurises, en la costa qué lindos son, melenita despeinada sonrisa al sol. Puerto Sánchez es un paisaje, donde el cielo azul bajó”, “Oh pago viejo cuánto te añoro, sendero largo camino del arenal, junto al estero del agua mansa”. Sería ocioso continuar esta galería de pueblos descriptos minuciosamente con paciencia forense; cualquiera puede comprobar fácilmente lo que afirmo atendiendo las letras de los temas más conocidos.
En un segundo momento de la poesía el paisaje exterior se refleja en el interior por medio de emociones, sentimientos, evocaciones cargadas de significaciones. Es como si el artista incorporara la geografía o la sociedad en la que vive y nos la devolviera envuelta en su propia visión, rodeada del misterio de lo ajeno. En este segundo plano de la poesía el paisaje deja de ser real para convertirse en un pretexto que sirve al escritor o la escritora para desnudar su mundo interior cargado de ecos y reverberaciones. En letras de canciones más elaboradas se puede leer, por ejemplo, “De allá ité, donde la noche poriahú[1] no tiene penas”. El autor está transformando a través de su mundo interior las palabras con las que quiere describirnos algo inédito de las noches de allá ité (allá lejos). En este otro ejemplo creo que se puede ver más claramente el proceso: “se duerme tu cambá bolsa borracho con vino dulce de guaporú”. Creo, si no me equivoco, que los versos son de González Vedoya.
En un tercer paso el paisaje geográfico y humano en las resonancias internas del autor vuelven a dar un giro sobre sí mismas para investirse de poesía por medio de recursos que aunque los describamos con la frialdad de un entomólogo despanzurrando langostas, jamás podríamos llegar a transferir la emoción que implican: ¿qué nos dicen si no aliteración, metáfora, metonimia, paranofrasia, metadiégesis? Dicen poco o casi nada salvo que entre en el campo de los expertos, pero al común de los mortales les suenan a tecnicismos cuando no a pornografía. En esta tercera etapa nace la poesía en toda su actualidad y no como estado potencial en las dos fases anteriores. Para ejemplificar, el archivo chamamecero me resulta estrecho, la falta de coalición inteligente entre músicos y poetas decayó en indigencia en nuestra zona: tenemos por un lado música de jerarquía como la de los hermanos Flores y por el otro un contenido poético menesteroso que desmiente el nivel musical. Vayamos al tango porque aunque se pueden separar estos dos niveles (música y letra) cuando entre ambos se da la unidad tan esperada impregnan lo íntimo de cada uno con la fuerza de gotas de oro cayendo en un estanque de cristal. En el tango “A Homero” escribió Cátulo castillo “Eran tiempos de cercos y glicinas / de la vida en orsay y el tiempo loco / Tu frente triste de pensar la vida / tiraba madrugada por los ojos”. ¿Se puede describir un hombre atribulado con tanta precisión como pocas palabras? Empieza con la evocación nostálgica del barrio que ya no es, del tiempo devorado por el tiempo y después en ese mínimo retrato de Homero Manzi el poeta que nos lo venía escatimando, lo devuelve eterno. Podrán pasar siglos pero la lectura de estos versos seguirá envuelta en las sugerencias de un significado que va más allá de lo que enuncian. En “Garúa” el poeta Enrique Cadícamo describe una típica noche de invierno porteño, el frío, el viento, las calles solitarias “y en esta noche tan fría y tan mía / pensando siempre en lo mismo me abismo / y aunque quiera yo arrancarla o olvidarla / la recuerdo más”, hasta aquí nos acompaña ese segundo momento en el que el ámbito exterior (la noche de llovizna) y el interior (la soledad) se confunden e identifican; pero Cadícamo da un paso más. Describe su lento caminar por la acera, compara su corazón con una tapera a la que el olvido de la mujer que ama atravesó abriéndole una gotera. No olvidemos que afuera, en la calle sombría de invierno, está lloviendo también. En ese momento Cadícamo inviste la música de poesía: “Garúa, / tristeza, / ¡Si hasta el cielo se ha puesto a llorar!”. Podrán pasar los años transformándose en siglos y milenios pero mientras haya una sola criatura como la humana, sensible a la humillación, el desprecio y el abandono, estos versos seguirán diciéndole exactamente lo mismo que nos dicen hoy a todos nosotros. ¿No es eso acaso la eternidad? ¿El tiempo inmóvil? ¿El arte, que no muda como la materia de la que está hecho? Tratemos de explicar por qué estos inquietantes versos de “La última curda” de Cátulo Castillo, nos dejan una impresión extraña de atravesar la nebulosa de una borrachera? “¿No ves que vengo de un país / que está de olvido, siempre gris, / tras el alcohol…?” En “Desencuentro”, el mismo Cátulo Castillo en una agobiante confesión de pesimismo no alcanza a describir el ambiente porque la poesía se impone: “¡Qué desencuentro! / Si hasta Dios está lejano, / Quisiste con ternura / y el amor te devoró / de atrás, hasta el riñón, /se rieron de tu abrazo / y ahí nomás / te hundieron con rencor / todo el arpón. / Amargo desencuentro / porque ves que es la revés / creíste en la honradez / y en la moral, ¡qué estupidez!, / por eso en tu total / fracaso de vivir, / ni el tiro del final, / te va a salir” ¿Puede alguien denunciar con tanta profundidad la traición, el desengaño, el conflicto entre el bien y el mal, entre el deber y el hacer? ¿Puede perder vigencia esta inventiva feroz? Tal vez sirvan para sanar tanto pesimismo los versos de Homero Manzi en “De barro” “Y hoy que no vale mi vida / ni este pucho de cigarro / recién sé que son de barro / el desprecio y el rencor / vuelven tus ojos lejanos / con el llanto de aquel día / pensar que puse en tus manos / una culpa que era mía”.
Los verdaderos poetas del tango reniegan de las descripciones pintorescas, saben que los vestidos celestes y las pilchas domingueras y las orquídeas en flor son simples detalles ornamentales de los que pueden prescindir porque no les interesa enviar postales turísticas para describir su mundo. ¿Será que el mundo del arrabal porteño es mucho menos simple que los naranjales correntinos? ¿O será que el arrabal encontró su voz en escritores y escritoras que supieron traducirlo en poesía sin necesidad de tomar por asalto el diccionario Peuser? Busquen una sola palabra extraña en los fragmentos que les facilité y no la encontrarán. Con la simplicidad de la verdad, nos dijeron las cosas más crudas y más sublimes. Y esto desafiará al tiempo, al desgaste, a la usura de los siglos. Seguirá teniendo un significado dentro de mil años cuando haya un ser sufriendo o maravillándose. Los atuendos, las carretas, la toponimia correntina, el amorío banal de los nuevos conjuntos chamameceros pasarán con el tiempo, porque están hechos de una sustancia endeble que no resiste las comparaciones con la verdad de la poesía. Con esas versificaciones, glosas y palabras atadas que tejieron los amanuenses del chamamé se cumplirá la profecía de Cadícamo: “Muchachos, todo se lo ha llevado el almanaque, / todo, todo ya se fue…” No resistirán la ordalía del tiempo o quedarán como esos fósiles prehistóricos expuestos al público como objetos de distracción.
El tango está en la eternidad inmóvil, ya nunca nadie podrá devaluar su forma; por desgracia nuestro chamamé (recuerden que siempre estoy refiriéndome a las letras) se quedó en el camino y será arrasado por el paso del tiempo que no perdona héroes ni traidores; todos sucumben en el tormento de su cruz. Todo se lo llevará el almanaque, todo, todo se irá.

Alejandro Maciel. (FRAGMENTO DE "LA SALVACIÓN DESPUÉS DE NOE"


[1] “Pobrecita”, lo aclaro porque nadie está obligado a leer guaraní.

miércoles, 25 de abril de 2007

LA PASIÓN, SEGÚN SAN ATEO

Capítulo 1

(novela inconclusa sobre las perversiones sexuales. ¿Usted opina que debería seguir con esto? Por favor respóndame con sinceridad. A.M. Gracias). .




HABÍA UNA VEZ.....







“El entendimiento, como el ojo, aunque nos hace ver y percibir todas las cosas, no tiene noticias de sí mismo”. John Locke, “Ensayo sobre el entendimiento humano”, introducción.



















PORTADILLA

De cómo hay una íntima unión entre Corrientes, Buenos Aires y Asunción.; insospechada para la mayoría. De por qué el autor no puede dejar su profesión de psiquiatra ni Turio de Jesús puede dejar de ser el personaje, atrapados como están en la maraña de la historia. De cuando llegan tres travestis (la Coiffure, la Capona y Déborah) al Hotel Neil de Asunción, donde las recibe la Dueña muy preocupada porque hace dos horas está esperando el profesor Octavio su transformación en Marla, la fatal. De qué manera y paso a paso el circunspecto profesor Octavio se convierte por obra y gracia de la cosmética en la desaforada Marla amparándose en un diálogo de Platón. Desde que salen a la calle a guardar cada una su parada, hasta que se detiene una Land Cruiser con muchachones borrachos que preguntan la tarifa. De la oferta/demanda del mercado sexual. De la inversión de los roles por el principio físico de la indeterminación de las partículas. Una visita guiada al Mercado 4, supercentro comercial frutihortícola-ganadero, de boutiques, lencerías, perfumerías, chacinados y calzados finos de Asunción. De la gente, siempre urgente.


















TRES TRISTES TRAVESTIS TRIVIALES .



En la escalinata del “Hotel Neill” mariposean sombras andróginas desde el crepúsculo. Cuando la Dueña -un viejo marica amojamado, de palidez raquítica y voz de institutriz- se apresta toda neurótica ovillándose los cabellos, la calle Tacuary es un río de barullos, motores, hollín y cláxones. Presagia el ajetreo de las mil y una noches trucidadas una por una con las aspas del desvencijado ventilador de techo del líving-room, que en su traqueteo rebana rodajas de luz y de sombras.
Amarilla, la trompa del taxi se comide aparcando junto al cordón de la vereda, ronronea, tufa, tose carbón; deja colar las voces de las pasajeras que discuten la tarifa del viaje. Se abren las puertas con un clac-clac cuando la Dueña -nerviosísima- junta las manos en una súplica teatral como de santa jesuítica, parada en el vano de la puerta.
-¡Ya vienen, ya vienen las canallas! -dice, abriendo desmesuradamente los ojos como quien ve en sueños su propia defunción.

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COITUS INTERRUPTUS UNO


Turio: A ver, autor. ¿Qué significa esta función de varieté dentro de mi historia?
Alejandro: Su historia es el texto del contexto.
Turio: No me vengas con esa jeringoza semiótica de secundario. A mí, no. Sin mí, no hay novelita ¿sabés?
Alejandro: Quiero decir que antes que hablar de usted están hablando los demás con usted. Supongamos que Turio es el nudo, pero la madeja tiene atrapada más gente. No pretendo escribir su biografía.
Turio: ¿Y qué tienen que ver estos travestis en mi vida?
Alejandro: No me obligue a recordarle que usted visitaba cierto local lleno de locas.
Turio: ¿Ahora somos moralistas también?
Alejandro: No. Cuando abrimos un cadáver nos olvidamos del mal. Buscamos la enfermedad como algo natural, que está a la vista. ¿En la autopsia se descubrió un cáncer? Podemos ser fatalistas y decir que el tumor mató al pobre hombre. O podemos verlo como una carrera entre los tejidos normales y el tejido tumoral. Ganó el cáncer 1 a 0. Eso es todo.
Turio: Seguí con tu historia, loco.

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Toda cubierta, sepulta entre cajas cilíndricas, entreverada al ras de telas que sisean y cuelgan, desembarca la Capona rezongando.
-¡La mierda que sale un ojo de la cara viajar en esta porquería! -putea a diestra y siniestra con un gorjeo chillón y acelerado.
El taxista mira lejos, como a otro planeta; cuando aspira el humo de su Camel, sube la papada rechoncha, traga saliva, tuerce un poco los mostachos sin decir nada -y para colmo, señor, me hiciste saltar todo el camino que tengo las tetas por mi cogote.
-La calle está destrozada -interviene Déborah, que oficia de maquilladora y continúa arrellanada en el asiento delantero gesticulando mientras escarba en su monedero buscando cien guaraníes.
-¡Hay, chicas, se hace tarde! -se desespera la Dueña, toda contrita y manoteando un aleteo como de albatros con el que apura. Compele. Apresura. Urge.
Hace una venia asomando los ojos bajo la mano izquierda para ver mejor. Cuchichea algo para sí misma.
Hecha una tromba, agitadísima y al mismo tiempo oronda, portando una cabeza de telgopor -alto el cuello, modigliniano- que orna una peluca toda bucles y viboreos dorados, desciende del automóvil la Coiffure. Cuando apoya el primer pie en la vereda ya se sabe que su taco alfiler punza el cemento.
Tras los portazos que sacuden el Peugeot -impávido, el taxista sigue fumando- bajan a cual más majestuosa y regia las ‘tres manolas / las que se van al quilombo / las tres y las cuatro solas’ a las que recibe la Dueña en el rellano, acusando con el índice su reloj pulsera y agitando la otra mano, como quien se quema sin querer.

Mise en scène

Todos los viernes el mismo rito: ya suben los peldaños primero la Capona, después la Cosmetóloga y por último la Coiffure, bicéfala. Acuden a un pesebre donde no un Dios será hombre sino un hombre será mujer, madre de todos los dioses. Son tres reinas magas venidas del oriente de los bajos siguiendo la luz de una estrella ilusoria, de neón, trayendo la pericia y el ajuar para la Transformación.
Adentro, nervioso, bebiendo un té de boldo, aguarda hecho un ovillo el profesor Octavio frente a un espejo dorado que enmarca una corona de lámparas de 40 w.
El Asistente de la dueña va y viene convidando un Tranquinal 2 (que no se le niega a nadie), caldo de gallina tibio en su cazuela de barro, vermouth a sorbos y alguna que otra golosina para acortar la espera de las azafatas.

-¡Ya era hora, manga de tilingas! -reconviene el profesor Octavio cuando las ve llegar.
-¡No sabés lo que era el tráfico! -se defiende la Estilista posando su cabeza portátil y empelucada en una consola donde la Dueña apronta el arsenal para el vituperio de las formas.
-¿Empezamos el montaje? -inquiere, toda asustada.

Primero despojan la indumentaria del docente: la camisa blanca, la corbata azul, los pantalones de línea italiana, las medias, los mocasines, el anatómico blanco.
Prestas, solícitas, empiezan la conversión. Con la pinza digital -índice y pulgar- la Cosmetóloga ata un nudo gordiano que ahorca el glande del Profesor. Aplasta los testículos entre las piernas contra el perineo, jala del pene que agarrota una piola y lo cruza por el puente de las nalgas; ata el extremo del pájaro fláccido a un cinturón de Hipólita que la Estilista ciñó silbando polkas mientras la Capona, disimulando, peinaba una falda de seda.
-Ya está -avisa la Experta- escondida el arma que delata; esto quedó más liso que una concha de verdad. ¿Quién se podría montar con un falo malo, duro como un palo?
De una bolsa de hule tironean cinco medias bucaneras de nylon. Le enfundan las piernas depiladas al Profesor. Le enciman una tanga que en el orillo lleva pespunteado un hilván de encajes negros.
Con un refajo elastizado marca “Sehorinha” le hunden una cintura. La Estilista -toda neurótica, mordiéndose las uñas- rellena un par de soutiens con trapos. Con hilachas. Con torzales y estopa completa la teta.
De una alacena hindú taraceada -tigres beben al lado de palomas en un oasis de palmeras- hurgan potiches. Destapan, a cual más alborotada, los cachivaches. Con un emplasto pálido le untan la cara que blanquean íntegra borrando las cejas para volver a trazarla con un fino lápiz florentino, una pulgada más arriba y onduladas, a lo Marlene Dietrich.
Dibujan labios carnosos con un delineador color ladrillo y los rellenan a base de rouge que rutila como un frasco de cerezas. La Embellecedora, luego de rascar en su cartera, poniendo los brazos en jarra indaga:
-¿Ya estuviste tocando otra vez mi neceser, maldita negra? -mirando fijamente a la Coiffure- después una se vuelve loca buscando las pinzas de cejas, los invisibles, y las limas que me trajo el chino de Jon-Con.

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INTERRUPTUS DOS



Turio: Perdón, no quiero interrumpir pero...
Alejandro: Pero interrumpe. Irrumpa sin alharacas, discretamente; tan disimuladamente que no se le oigan las pisadas. Pase inadvertido entre las páginas. Hágame caso.
Turio: ¿Para qué? Me querés usar de comparsa para tu circo, loco.
Alejandro: Yo no escogí esta historia, ella vino a mí. Usted es el pretexto del texto. No se dé demasiada importancia. Nada es importante en la narración, el tema, menos que menos.
Turio: ¡Estás haciendo lo imposible para que el autor se quede con la parte del león!
Alejandro: El autor ya desapareció antes de empezar a escribir. Si no puede restarse, es mejor retirarse. Cuando el autor está visible, la obra es invisible. Siempre es el reverso. El autor autista hace su auto de fe siendo invisible. Las mejores obras han sido hechas por manos invisibles, sino, fíjese en el mundo.


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-¡Yo no toqué nada!
-¡Ndera sore! -clama la Capona- ¿por este engomaje picó pelean? -sacude en el aire una ampolla de vidrio.
Afanosas, rodean los párpados con un arco de mucílago. Aplican un par de pestañas negras -prótesis capilares- que Octavio, al parpadear, apantalla. Aletean dando círculos alrededor del Transformando; si una barniza los pómulos con una laca magenta otra le aplica un perlado iridiscente en los lagrimales. Si la Estilista la toca con el casquete cuyos bucles sujeta por medio de una vincha de tafetán negro, la Capona -excelsa- le desliza uñas de carey mientras supervisa -de paso- el proceso de afeites que la Experta, frunciendo los labios de tan concentrada, retoca con un pincel de pelo de marta, davinchesca a más no poder.
-¡Ya siento! ¡Ya siento la transfiguración! ¡Sube como una fiebre! -el Docente, cargado de tribulación menea la cabeza como un energúmeno sometido por demontres rijosos.
-¿Te falta mucho, Eduarda? - con insidia, la Capona, mirando de reojo.
-¡A la pinta! -se ofusca la Cosmetóloga ocupadísima en alumbrar un rincón del mentón para restar volumen- ¿qué picó tanto apuro?
-¡Ya me voy sintiendo Marla! -dice el poseso, en trance ginecológico.
Tiembla de emoción cuando en el espejo ve el revés de su persona doblemente invertida. Ya se le avienen sus lacayas con preseas -en simétricas perlas negras, se enroscan, lujuriosos, dos ofidios-, con perifollos de bijôuterie, con gemas ensartadas. En un santiamén queda hecha una emperatriz.
-¡Cada vez estoy más mujer! -reconoce la Impostora-. Ahora quiero que me pintes un buscanovios sobre el labio.
-¿Seguro pa? Mirá que está demodé total.
-No importa. Yo quiero ser una chica del ’60.
Y aplica nomás el lunar que reniega del tiempo. Que devuelve de un golpe la época de los vestidos a-go-gó, las pelucas pelo-de-virgen, el rimmel para los ojos de Cleopatra, la música de “Los Iracundos”.
Para ocultar el gaznate difamador no hay como una buena gargantilla de terciopelo. La centra un camafeo: sobre gules destaca el perfil ebúrneo de María Antonieta. En las muñecas, ajorcas de plata y pulseras con dijes. De las orejas bajan argollas y peces diminutos tan quisquillosos que al solo contacto campanillean. En los guantes de raso se ofusca un falso rubí. En el pulgar, destella un cintillo de strass.
-¿Dónde picó pusiste los sus zapatos? -quiere saber la Capona que en el trajín se ha despeinado y luce lo mismo que una pordiosera.
-¡No me molestes! -ordena la Perita- busque por ahí y déjese de joder.
Sale la Auxiliara maldiciendo en tres idiomas, zarandea cajas de cartón, pone al revés cubículos y escriños. Con ahínco propio de maníaca, vacía estuches. Envases repletos de indumentos, invierte y revuelve. No conforme, sacude el equipaje de la Experta regando el piso con Lancôme y Miss Ylang.
-¿Qué hago yo con esta desgraciada? -maldice la Técnica, clavándole la mirada a la Capona, totalmente salida de sí, furiosa.
-Disculpá, mi reina- ruega la otra, y se tira en el piso a recoger pastas y untos.
-Un fulano -dice la Simuladora ajustándose la peluca rubia- escribió hace mucho tiempo que en las épocas antiguas la gente era redonda porque cada uno era dos, macho y hembra a la vez. Si uno usa un solo sexo siempre está insatisfecho. Siempre le falta algo. Siempre, rengo, tuerto o manco. ¿Por qué?, digo yo. ¿Por qué?
-¡Quedaste preciosa, mi reina! .¿Qué decía el antiguo ése?
-¿Qué te gusta más, ser hombre o mujer?
-¡Qué pregunta, mi reina! -clama toda transida la Capona poniendo un puño en el pecho, y oscilando suavemente la cabeza, confiesa-: yo soy pura mujer.
-¡Pero naciste hombre, mi amor ! -la Estilista hace la objeción soltando los bofes con la ponzoña.
-¡Pura casualidad !
-¡Puta casualidad! -corrige vehemente la Dueña, sufriendo también el martirio masculino.
Salen a la calle las amujeradas. Totalmente montadas. Van por Haedo y cantan despacio a ritmo de bolero “por las veredas / de La Encarnación / hay una puta / en cada rincón”. En una ochava, sucio y clisado, cierto borracho las mira desde su moridera. Siguen su travesía los mofrados tic, tic, tic, puntiagudos, ocho tacos enviciados de calle. Se aposta cada una en su parada.
Frena una 4 X 4 que el encerado hace irreal de reflejos oscuros en lo oscuro. Desde adentro los cambamberos escupen insultos con latas de cerveza semi vacías que en la caída trazan un círculo de espuma. Se detiene un sedan blanco.
-Hola. ¿Cuánto cuesta una buena mamada con esa boca, mi reina?
-Diez mil guaraníes. Odara.
-Apuráte na, subí que estoy caliente.
Marcha el Toyota raptándose su sabina. Busca la calle cortada donde asombran dos lapachos que el viento suavemente insinúa. En un instante se trenzan en la cabina, hechos una coyunda de bajar braguetas, deslizar slips, untar con saliva los cabos genitales. En sacudones tironean elásticos, el nylon de la lencería chista contra la carne erizada. La humedad asordina los roces. Así mamita, seguí moviendo. Hay un pozo profundo por el que caen, convictos del mismo deseo. Hondos, los suspiros. Después, entre el humo y la piel, los cigarrillos parpadean.
-Ahora te toca ser hombre -dice el cliente. Vuelta a quitarse la ropa.
Y así, sucesivamente.....