sábado, 4 de marzo de 2017
martes, 7 de febrero de 2017
LA MEMORIA DEL PASADO...
LA CASA DE LA MEMORIA
Adentro había un movimiento febril.
Miles, millones de ratones vestidos con guardapolvos grises trabajaban
activamente sin descansar. Unos escribían sentados en pupitres de madera
mientras masticaban lo que parecían ser copos de arroz. Otros iban y venían
transportando bandejas atestadas de rollos de color ocre. Muchos estaban
apostados frente a una incalculable cantidad de anaqueles que tapizaban
prácticamente todas las paredes de las salas.
Todos parecían muy concentrados
en la tarea de poner y sacar los rollos que estaban apilados, les daban un
vistazo y volvían a dejarlos en su sitio; así interminablemente hasta que daban
con el que buscaban afanosamente; entonces llamaban a uno de los
ratones-ordenanzas, cargaban el rollo en la bandeja y lo enviaban a algún
sitio.
Los más ágiles subían y bajaban
por delgadas escalerillas de metal que unían los distintos niveles de la
inmensa biblioteca que debía tener más de veinte pisos de estantes apilados uno
sobre otros, aunque era difícil calcularlo porque la luz no alcanzaba para
iluminar la altura de la sala hasta el techo ni hasta el norte ni el sur donde
parecía prolongarse infinitamente.
-El espacio parece ser inmenso, -comentó Martín.
-Todo es ilusorio, -fue la respuesta de la Rata Noruega.
Casi todos calzaban gruesas gafas (seguramente tenían los ojos gastados de
tanto fijarlos en los escritos) y muchos también estaban severamente
encorvados.
-¿Qué es lo que escriben? –averiguó Martín.
-Recuerdos.
-¿No me había prometido ver el futuro?
-La memoria del pasado es todo el futuro que nos espera.
lunes, 9 de enero de 2017
miércoles, 22 de junio de 2016
¿Qué es la Personalidad?
Hay tantas definiciones de
personalidad como personalidades. En general casi todos los psiquiatras estamos
de acuerdo en ciertos puntos: la personalidad es una especie de modelo
característico de pensamientos, sentimientos y conductas que se mantienen a lo
largo del tiempo y a través de distintas circunstancias otorgándole unidad al
individuo. Pero la personalidad es el último escalón jerárquico de varios
elementos que se reúnen para darle espesor. La personalidad es la síntesis de
ellos.
Observemos el siguiente
esquema:
* Personalidad
* Carácter
* Temperamento
En la base tenemos el Temperamento
que es el sustrato biológico, la especial conformación del SNC, la reactividad
de sus elementos, la mayor o menor rapidez y coordinación con que funciona. Así, hay personas naturalmente
calmas y otras que son irritables y enérgicas desde bebés, es decir sin que
haya intervenido un aprendizaje previo. Desde los estudios de Thomas y Chess
(1977) sabemos que desde los primeros días de vida los bebés no son iguales.
Dividieron tres grupos iniciales: a) bebés fáciles; b) bebés difíciles; c)
bebés de lento arranque. Subiendo en la escala familiar comprobaron que estas
características tendían a mantenerse de padres a hijos, es decir, podrían
atribuirse a condiciones genéticas, hereditarias. Los bebés fáciles son
aquellos que todos querríamos tener: dóciles, adaptables, disfrutan con lo
nuevo y tienden a socializarse fácilmente. Los bebés difíciles son los que nos
gustaría que le tocaran en suertes a nuestras cuñadas: ariscos, irritables, se
fastidian fácilmente, lloran continuamente y en etapas posteriores son de
difícil adaptación en la vida escolar. Son buenos candidatos a ser los niños
problemáticos de las escuelas, dolor de cabeza de padres y docentes. Por
último, los bebés de lento arranque
son inactivos y lerdos y tienden
a reaccionar con más pasividad. Otros investigadores agregaron el tipo d) Bebés tímidos, que son inhibidos y
temerosos de todo lo nuevo y extraño. Serán en el futuro las personalidades con
fuerte base evitativa: introvertidos, cautelosos en extremo y con escasos
vínculos sociales.
Este temperamento de base
hereditaria no es inexorable; marca una tendencia pero puede ser modificado por
la educación, las experiencias, los modelos que se fija el niño, y miles de
factores más que intervienen en la conformación de la personalidad que es una estructura que se
desarrolla en el tiempo y siempre es capaz de remodelar alguna de sus partes.
Si comparamos a la
dualidad Temperamento~Carácter como una moneda, se puede decir siguiendo la
analogía que el Temperamento es el disco de metal de la moneda y el Carácter,
los relieves y dibujos impresos o burilados en ambas caras. El Temperamento es
lo inamovible, y lo que otorga el valor de base (no es lo mismo una divisa de
bronce, una de plata y una de oro, ya desde el metal no tienen el mismo valor una moneda de oro y
una de níquel independientemente del impreso que figure en ambas caras) igual
que en la Personalidad, el Temperamento es la base biológica fija sobre la que
asientan los demás elementos que después se combinan con el aprendizaje y las
experiencias. La palabra “carácter” viene justamente del trazado de las
monedas, las cuñas, los relieves que le dan respaldo financiero.
En un piso más arriba
tenemos el carácter que es la suma de modificaciones que imprime el
ambiente al temperamento
original y se dan en forma
automática, sin dominio completo por parte del individuo. Carácter sería un
equivalente a característica propia de tal o cual persona. Las tendencias que
marcan la voluntad de cada uno y el modo de oponerse exitosamente a las que
considera perjudiciales son parte del núcleo del carácter. Ernest Kretschmer[1], psiquiatra alemán
(1888-1964) vinculó los rasgos del carácter a la biotipología que está
íntimamente ligada al temperamento. Kretschmer observó que las personas de baja
estatura y tendencia a la obesidad, a los que llamó hábito pícnico
sufrían más frecuentemente enfermedades del estado de ánimo, como la ciclotimia
o la Enfermedad Bipolar o Maníaco Depresiva. En cambio, las personas
físicamente atléticas y musculosas que denominó hábito mesomorfo tendían
a imponerse en las competencias deportivas y eran más proclives a las
patologías de tipo somatomorfo o hipocondríacos; frente a las personas altas y
delgadas, de hábito leptosómico frecuentemente asociadas con rasgos de
aislamiento social, tendencia a ocuparse de cosas extravagantes o misteriosas y
a presentar cuadros de la línea esquizoide o esquizofrenias. Otro psicólogo que
se ocupó especialmente del carácter fue Ludwig Klages[2] quien analiza un sistema
de móviles que van forjando el carácter, y divide a los mismos en:
a)
Móviles
espirituales (capacidad de entusiasmo, capacidad de razonar, deseo de conocer,
objetividad, capacidad de captar intuiciones, instinto creador, fidelidad a los
ideales y a las personas, sentimiento de deber, imparcialidad en los
juicios...)
b)
Móviles
personales (abnegación hacia los ideales, animales y plantas; amor a los recuerdos,
espíritu de empresa, necesidad de éxito, iniciativas, pasión, admiración,
valor, sentimientos familiares, bondad, caridad, dulzura, simpatía, compasión,
interés hacia los demás, egoísmo, desconfianza, maldad, ironía, desquite,
envidia, resentimiento, malevolencia...)
c)
Móviles sensuales
(deseo de vivir, adicciones a sustancias, morbidez erótica, sensualidad,
desenfreno, respeto, moderación, firmeza, utilitarismo, altruismo, sentido de
apropiación de la pareja, autoestima...)
Las distintas formas de combinar estos elementos, las
variaciones entre los dos extremos de Abundancia o Carencia de una cualidad
como envidia, los grados de inclinación del fiel de la balanza en cada
categoría son los elementos que conforman el carácter, según Klages.
Para las teorías psicodinámicas (Psicoanálisis) el
carácter es la suma de los mecanismos de defensas inconcientes que cada cual
utiliza normalmente como repertorio. Tenemos unos 20 mecanismos de defensa,
pero habitualmente tendemos a utilizar (sin darnos cuenta de ello, ya que son
inconcientes e involuntarios) 4 o 5 en forma sistemática. Según cuáles sean
estas 4 o 5 formas de respuestas tendremos tal o cual tipo de carácter marcado
en la Personalidad.
Personalidad[3]:
cuando el individuo integra esta suma de elementos en un todo unificador al
que se suma la Conciencia como eje, tenemos la personalidad que es la síntesis
de todos los elementos biológicos, temperamentales, caracterológicos y sociales
que nos definen con un modo único de ser en el mundo. No hay dos personalidades
idénticas; ni los gemelos que tienen exactamente la misma carga genética ya que
sus cromosomas son prácticamente réplicas (son los clones naturales) tienen la
misma personalidad.
La personalidad se va desarrollando desde el nacimiento y
alcanza su estructura hacia el final de la niñez. Desde los 5 o 6 años se
inicia un periodo que la escuela psicoanalítica llama de latencia y perdura hasta la pubertad. Con los cambios
hormonales que bullen en la pubertad se despiertan de nuevo los componentes
instintivos de la sexualidad y ésto remodela los impulsos y mecanismos
defensivos que se levantan para contenerlos. El uso de uno u otro mecanismo de
defensa inconciente con preferencia configura los rasgos de personalidad
característicos de cada uno. Por ejemplo, una persona que inconscientemente
utilice una y otra vez el desplazamiento y proyección tenderá a ser tímida e
introvertida.
El núcleo de la personalidad es el Yo, instancia del
aparato psíquico a la que Sigmund Freud asignó el rol protagónico en la
Conciencia. El yo tiene dos grandes áreas; primero el área emotiva que está
ligada a los conflictos dentro y fuera de la mente (externos e internos) y
segundo, el área llamada libre de conflictos donde radican las funciones
psíquicas superiores:
1)
Conciencia
2)
Voluntad
3)
Lenguaje
4)
Inteligencia
5)
Afectividad
Estas son las
funciones que exploramos en la psicosemiología. Los distintos signos y síntomas
que aparecen al explorar cada una de estas funciones nos darán las claves para
catalogar un conjunto de manifestaciones dentro de las categorías clínicas
conocidas. Es necesario tener presente un cuadro general de las enfermedades
mentales para poder reconocer las características que presentan al examen
clínico. Justamente, la palabra clínica viene del griego klinos, que
significa cama, porque junto a la cama del enfermo el médico recogía los datos
que lo llevaban a un diagnóstico con fundamento científico.
[1]
Puede leerse su obra Estructura del
cuerpo y del carácter, edit. Paidós,
Bs.As. 1972.
[2]
Obra citada: Los fundamentos de la Caracterología, Ludwig Klages, 3ra
edic. Edit. Paidós, 1965.
[3]
Personalidad viene de “Personna” que en la antigua Grecia designaba a la
máscara con la que se cubrían los actores para representar un
personaje u otro. Por ejemplo, la “personna” de Clitemmestra en La Orestíada de
Esquilo siempre tenía expresión furibunda ya que Esquilo la condena desde un
principio como uxoricida.
sábado, 17 de octubre de 2015
jueves, 12 de marzo de 2015
CUENTOS, DE MABEL PEDROZO (ASUNCIÓN DEL PARAGUAY) 2015
CUENTOS PARA MIL
NOCHES
MABEL PEDROZO
Como un personaje más de sus narraciones y cuentos, Mabel Pedrozo es huidiza, se acomoda mejor a las sombras de la timidez que a los destellos de la exposición. Quienes la conocemos sabemos que es uno de los mejores corazones que existen en el camino bastante esquivo de la cultura y sus aledaños. Mabel es abogada egresada de la Universidad Nacional de Asunción pero en toda su actitud ya advertimos que está muy lejos del ejercicio de una profesión con tantos recovecos como leyes.
La ética le impediría caminar como quien halla espinas y escollos en un camino largo y tedioso. La necesidad de escurrirse por andamiajes dibujados le impediría cumplir horarios de oficinas entre funcionarios y funcionarias que ven pasar la vida a través de una ventana. El territorio donde respira la verdadera libertad está en las lecturas que visita para poblar su mundo personal, seguramente mucho más rico y destellante que el de la rutina en la que nos movemos como si el tiempo fuese una condena a cumplir.
Lejos de esa
lenta máquina que nos tritura con obligaciones, Mabel y todos quienes leemos compulsivamente,
vivimos nuestras vidas y las de cientos de seres con quienes compartimos
desgracias, felicidades y decepciones.
TABLADA, ASUNCIÓN
En la zona ubicua que figura en los planos bajo el rótulo de “Trinidad” por cierta parroquia histórica levantada por voluntad de don Carlos Antonio, están los bajos del matadero de ganado de Asunción que delimita La Tablada. Las calles que acuden sinuosas como rogando asilo desde la transitada avenida Artigas buscan refugiarse en la orilla del Río Paraguay. Con las crecientes, las aguas que reculan avanzan anegando las rústicas piedras con que empedraron Asunción durante la interminable noche de la dictadura de Stroessner. Los perros chapotean en los lindes del Matadero municipal, donde llegan las bestias en siniestros camiones, refilando los últimos alientos con que habrán de ser ultimadas entre las brumas del amanecer, desolladas, destazadas y convertidas en cortes de carnes para su venta.
Un zumbido permanente de moscas invisibles juguetea en el aire, uno nunca sabe si existen o no, pero el sopor de ese cansado ronroneo sigue dando vueltas en la memoria después de haberse alejado de los paredones rojizos del matadero. Por lo demás, el vecindario asunceno bulle con la misma vida feliz que en el resto. No hay un mapa físico que copie un mapa sociológico que copie un mapa político.
Esos croquis de escolástica
sirven como mera referencia, pero Tablada no se distingue de Ciudad Nueva, San
Jerónimo, Barrio Obrero o el céntrico San Roque, barrios en los que viví
durante mis años paraguayos. No obstante, algo especial ronda esas calles que
tienen el Matadero como centro del laberinto donde se sacrifica al toro todas
las noches. Vagos mugidos como de fantasmas corroen las tardes plácidas, pero
es en las noches brumosas cuando se escuchan viejos ecos, sonidos de cuchillos
que se afilan, sangre que bulle, espesa, alimentando el barro.
LOS PADRES SAGRADOS
Alguna vez Mabel me
dejó entrever su infancia, esa patria nunca hollada por las impurezas que
después nos va sumando el tiempo, y en esos años primeros están los recuerdos
de un padre misterioso, siempre cariñoso, lector de libros de ocultismo, tal
vez las Clavículas de Salomón, augurios, la Alquimia del Trimegisto, las bases
del espiritismo, los escalafones del Infierno con la cohorte de Satanás y sus
cadetes. Este hombre sobrio, siempre impecablemente vestido se reunía con sus
lecturas y Mabel lo observaba ensimismada, leyendo a través de esa figura
concentrada los misterios del más allá.
También la madre atesoraba relatos fantásticos en los que nunca faltaban espíritus de doncellas muertas que rondaban las calles de adoquines brillantes como los de Tablada. O enseñaba a las hijas a permanecer atentas a los sonidos de la noche: algunos pasos que resonaban, golpes de puertas que gruñían al cerrarse, cánticos muy lejanos y toda forma de criaturas mitológicas que la tradición popular fue mestizando con seres de carne y hueso en el oscuro ámbito guaraní.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
BIEN DE FAMILIA /
PERSONAJES
- Amparo,
viuda de 70 a 75 años
- Cristina,
enfermera, soltera, 36 años
- Padre
Daniel, sacerdote, 40 años
- Malvina,
vieja amiga de Amparo, 60 años
- Luciano,
sobrino de Amparo, 25 años
Dormitorio de paredes blancas
con detalles suntuosos en el decorado. Cama con dosel, mesitas de luz de
estilo, un tocador con espejos, una mesa donde se acumulan medicamentos, perfumes
y libros. Veladores con caireles. Dos butacones o sillas tapizadas. Un florero
con rosas un poco ajadas. Flota una suave música funcional como de sanatorio.
Amparo está en la cama, leyendo y tose a cada tanto. Tiene el cabello recogido
y viste ropa de cama. Hace sonar una campanilla y acude Cristina que viste de
oscuro, solo la cofia blanca delata que es enfermera. Todo en ella es pulcritud
y corrección, también lleva el cabello sujeto y el cuello cerrado.
Amparo: Me duele. Mucho. Quiero fumar
Cristina: Pero señora, el médico me ha prohibido…
Amparo: (Cortándola) ¡Qué puede saber ese pelotudo de lo que me
duele!
Cristina: Es por su bien
Amparo: ¿Qué bien? ¿Alargar este cáncer que me devora es el bien?
Cristina: Dios da, Dios quita, señora.
Amparo: A mí nadie me quita nada, ni los bienes ni los males.
Cristina: Sólo Él sabe el momento exacto.
Amparo: Quiero fumar.
Cristina: No puedo, señora.
Amparo: Necesito fumar desesperadamente, ¿no entiende?
Cristina: Sí entiendo
Amparo: ¿Y entonces?
Cristina: También entiendo mi deber
Amparo: Deje de decir boludeces, qué deber ni qué ocho cuartos.
Alcánceme un cigarrillo. Solamente uno.
Cristina: (No se
mueve) No hay, señora
Amparo: Hay un atado en la cocina, arriba de la alacena, vaya, busque
Cristina: No, señora
Amparo: Ya está, perdí la maldita jugada, el cáncer empezó en el
pulmón y llegó al cerebro, a los huesos, al hígado. ¿De qué me va a salvar
dejar de fumar, mujer? Ya es tarde para todo. Hasta la salvación tiene plazos….
Cristina: Mejor le leo un pasaje del Evangelio,
¿sí? El padre Daniel dice que es lo mejor contra las tentaciones.
Amparo: Odio al mundo. No es más que una porquería donde todos se
revuelcan para quitarse dinero.
Cristina: ¿Alguien le quitó algo?
Amparo: Todos. Desde que quedé viuda mis sobrinos empezaron a rondar
como buitres. Tía esto, tía lo otro. No pasaba día en que no me llamaran para
contarme estupideces. Claro, mi cuñada los empujaba. Esa mujerzuela detecta el
dinero por el olor, lo habrá aprendido en el cabaret donde alternaba. De ahí la
sacó mi cuñado para casarse con ella, ese Fernando siempre fue un bueno para
nada. No se parece en nada al hermano. Mi marido era un hombre pujante,
trabajador, incansable. Hizo todo de nada. En cambio Fernando…pobre infeliz. La
putona esa le hacía gastar lo que no tenía, siempre andaba pidiéndole dinero a
mi marido.
Cristina: ¿Leemos la palabra de Dios?
Amparo: No, deje a Dios en paz. No le hice ningún mal y me mandó un
cáncer, mejor dejémoslo tranquilo, a ver si se acuerda de nosotros y nos manda
otra calamidad. Ya sé: Él sabe lo que hace, hasta cuando hace un mal. Nuestro
deber es disculpar a Dios de todos sus pecados…somos más indulgentes que Él.
Cristina: ¡Por Dios, señora! Esas cosas no se
dicen
Amparo: A mí me las hace… ¿y yo no puedo decirlo? No. Basta, ya le
dije, dejemos a Dios en su lugar.
Cristina: El padre Daniel me encomendó…
Amparo: ¿Qué?
Cristina: Que la cuidara con devoción
Amparo: Necesito ir al baño.
Cristina: La ayudo… (Va y la sostiene, se nota que
Amparo se mueve con dificultad) Con cuidado…
Amparo: Este maldito dolor… (Desaparecen de escena. Empieza a sonar
el teléfono con insistencia)
Cristina: (Regresando con apuro para atender el
teléfono) Diga…. No, la señora no está. Salió para unas revisaciones médicas…
la verdad, no sé a qué hora puede volver. Sí, cuando regrese le digo que llamó.
(Va de nuevo hacia el baño y vuelve con Amparo)
Amparo: ¿Quién era?…
Cristina: ¿Quién, señora?
Amparo: El que llamó por teléfono; mire, a veces no sé si usted es o
se hace la tonta. Ay, con cuidado, me duele mucho…
Cristina: Era de una empresa que ofrecía seguros
de vida
Amparo: No es mala idea para mí que tengo segura la muerte
Cristina: No diga eso, señora. No conviene tentar
a Dios
Amparo: ¿Qué edad tiene, Cristina? (Vuelve a acomodarse en la cama)
Cristina: Treinta y cinco…
Amparo: Uy, casi pasamos la raya. Aunque consiga un marido o novio,
ya no habrá hijos, ¿no? Usted, como yo, termina en usted. No tenemos
descendencia. ¿Nunca pensó eso?
Cristina: ¿Pensar qué?
Amparo: Que somos como esos viejos árboles que ya están secos por
dentro, apenas algunas ramas mantienen la vida, pero adentro está todo podrido,
de raíz.
Cristina: Yo no me siento… podrida, señora.
Amparo: Claro, no tiene cáncer pero tampoco tiene vida, ¿qué es
usted? Una simple cuidadora de moribundos que envía la Iglesia para salvar las
culpas de gente rica. ¿Y su vida?
Cristina: ¿Por qué me ofende, si yo no le hago
ningún mal?
Amparo: Solamente digo la verdad, ¿eso la ofende? Vaya, cambie de
vida y veremos cómo le sale, aunque a juzgar por sus capacidades, no creo que
avance mucho en nada. Tráigame un cigarrillo, por favor.
Cristina: No puedo hacer eso
Amparo: Claro que puede. Basta con ir a la cocina, encender uno y
traérmelo
Cristina: ¡Pero le hace mal!
Amparo: ¿Es realmente idiota? ¿Qué otro mal me puede hacer con ese
cáncer que ya me trajo? ¿No entiende que el mal ya está hecho? ¿Usted abortó
alguna vez?
Cristina: (Se turba de modo visible)
Pero...eso…no…eso es una impiedad…
Amparo: ¡Abortó! Ese temblor de las manos y ese desconcierto la
delatan. Yo no la juzgo. Pero no me dirá que el mal ya no está hecho. El niño
está muerto.
Cristina: Señora… es hora de su inyectable (Va
hacia la mesita y toma una jeringa, la carga mientras Amparo sigue)
Amparo: Muerto. Muerto. ¿Y por eso dejó de tener sexo? ¿Por el
muerto? Ya no hay nada que se pueda hacer por un feto muerto, Cristina. Madure.
Cristina: Por favor, dese vuelta para la inyección…
Amparo: Del lado derecho, la otra nalga ya la tengo a la miseria
Cristina: Sí…
Amparo: ¿Qué era?
Cristina: ¿Qué cosa, señora?
Amparo: El feto, ¿era varón o mujer?
Cristina: Espere, quédese, no se mueva ya termino
Amparo: ¿Qué era?
Cristina: (Limpiándose las manos con una gasa de
alcohol) Eso fue hace mucho tiempo, señora. Mi padre, es decir, nadie en mi
casa, nadie habría admitido un hijo de una madre soltera…
Amparo: Ah, claro, la unidad familiar justifica cualquier crimen, yo
la comprendo, hubiese asesinado a la zorra de mi cuñada pero claro, eso
rompería la ‘sagrada armonía familiar’, entonces me tuve que meter el odio en
la sangre y el tabaco me anestesiaba esas pequeñas “incomodidades”. ¿Ahora
entiende por qué quiero fumar?
Cristina: Me juzga desde su posición, señora. Muy
cómodo lo suyo…
Amparo: Y qué, ¿no hubiese podido tenerlo y trabajar como todo el
mundo?
Cristina: ¿Trabajar cuidando enfermos con un bebé?
Amparo: Bueno, podría haberse empleado como sirvienta en casas de
familia…
Cristina: ¿Con un bebé? ¿Usted me hubiese
recibido?
Amparo: Detesto los recién nacidos…son como larvas asquerosas y
rosadas que gritan, llorisquean, se mean, tienen hedores…uff, me libré de tener
hijos para estar lejos de toda esa porquería humana.
Cristina: ¿Y entonces?
Amparo: ¿Qué?
Cristina: ¿Dónde trabajaría con un bebé de días?
Porque mi padre me habría echado a la calle antes del parto, señora.
Amparo: Qué sé yo, búsquese algún apoyo en la Iglesia, ¿acaso no
tienen guarderías y esas cosas?
Cristina: No para madres solteras
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